¿Cómo puedo hacerme amigo de Dios?

¿Cómo puedo hacerme amigo de Dios?

CAPÍTULO 35

¿Cómo puedo hacerme amigo de Dios?

Gabriel comprobó lo valiosa que es la amistad con Dios al verse frente a una situación muy difícil. “Mi padre —cuenta él— nos abandonó cuando yo tenía 12 años. Recuerdo que una noche, en mi dormitorio, estuve un buen rato suplicándole a Jehová que lo hiciera regresar.”

Desconsolado, Gabriel se puso a leer la Biblia. Encontró un versículo donde el escritor dice a Jehová: “A ti el desdichado, el huérfano de padre, se encomienda. Tú mismo has llegado a ser su ayudador” (Salmo 10:14). Gabriel confiesa que esas palabras le llegaron al corazón: “Al leerlas, sentí que Jehová estaba ofreciéndome su ayuda, recordándome que él era mi Padre. ¿Y qué mejor padre puede haber?”.

¿SON tus circunstancias como las de Gabriel? Puede que sí, o puede que no. Pero una cosa está clara: Jehová quiere tenerte como amigo. Mira lo que dice la Biblia: “Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes” (Santiago 4:8). ¿Te das cuenta? No importa que no podamos verlo ni que seamos inferiores a él. ¡Jehová nos invita a ser sus amigos!

Ahora bien, la amistad con Dios no se logra sin más ni más. Hay que cultivarla. Pongamos un ejemplo. ¿Alguna vez has tenido una planta? Si quieres que crezca y se mantenga en buenas condiciones, ¿qué tienes que hacer? Colocarla en un lugar adecuado y regarla cada cierto tiempo. No la puedes dejar abandonada. Y lo mismo ocurre con tu amistad con Dios. ¿Qué debes hacer para que crezca?

El estudio es esencial

Como sabes, para que dos amigos se lleven bien, tienen que hablar y escucharse el uno al otro. Y eso también es cierto en el caso de Dios y cualquier persona que busque su amistad. Pero ¿cómo podemos escuchar a Jehová? Leyendo y estudiando su Palabra, la Biblia (Salmo 1:2, 3).

De acuerdo, eso de estudiar tal vez no suene muy divertido. Probablemente te gusten más otras cosas, como la televisión, los videojuegos y salir con los amigos. Pero si quieres ser amigo de Dios, no te queda otra: tienes que escuchar lo que te dice en su Palabra.

No pienses que estudiando la Biblia te vas a morir de aburrimiento. De hecho, puedes aprender a disfrutar haciéndolo, aun si crees que los libros no son lo tuyo. Claro, lo primero es sacar el tiempo. ¿De dónde? Puedes hacer como una chica llamada Lais. “Tengo mi horario —explica—. Al levantarme, leo un capítulo entero de la Biblia.” María, de 15 años, sigue un programa distinto: “Todas las noches leo un rato antes de irme a la cama”.

¿Cuál va a ser tu programa de estudio? Apunta aquí en qué momento del día puedes dedicar media horita a estudiar la Palabra de Dios.

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Pero establecer un horario es solo el comienzo. Cuando empieces a estudiar la Biblia, verás que no siempre es fácil de leer. Tal vez te pase como a Jezreel, un chico de 11 años que reconoce: “Algunas partes se me hacen un poco pesadas”. Pero no te rindas. Recuerda que al estudiar la Biblia estás escuchando a tu mejor amigo, Jehová. Ya verás que termina gustándote. Cuanto más interés pongas, más disfrutarás y más provecho le sacarás.

No dejes de orar

La oración es el medio que Dios nos ha dado para hablar con él. Es un regalo maravilloso. Piénsalo: puedes ponerte en contacto con él a cualquier hora del día o de la noche. Jehová siempre está disponible. Y además, quiere escucharte. Por eso la Biblia te aconseja que “en todo” lo que necesites le des “a conocer [tus] peticiones”, valiéndote de la “oración” y el “ruego”, y sin olvidarte de la “acción de gracias” (Filipenses 4:6).

Eso quiere decir que puedes contarle a Dios muchas cosas, como tus problemas y tus inquietudes. Pero también es bueno que le des las gracias. Después de todo, hay que agradecer los favores de los amigos. Y ningún amigo ha hecho más por ti que Jehová (Salmo 106:1).

Escribe varias cosas que le agradeces a Jehová.

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Si alguna vez te parece que ya no puedes más con el peso de los miedos o las preocupaciones, ¿qué puedes hacer? “Arroja tu carga sobre Jehová [...], y él mismo te sustentará. Nunca permitirá que tambalee el justo.” (Salmo 55:22.)

Anota a continuación alguna inquietud que te gustaría incluir en tus oraciones.

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Aprende de tus propias experiencias

Hay otra faceta de la amistad con Dios que no debes pasar por alto. David escribió una canción en la que decía: “Gusten y vean que Jehová es bueno” (Salmo 34:8). Cuando la compuso, acababa de pasar por una experiencia aterradora. Había estado a punto de morir asesinado por el rey Saúl. Por si fuera poco, no había tenido más remedio que esconderse entre sus enemigos, los filisteos, quienes no tardaron en reconocerlo. Parecía que de allí no iba a salir vivo. Pero lo logró. ¿Sabes cómo? Con un hábil truco: fingiendo que estaba loco (1 Samuel 21:10-15).

Pero David no pensaba que se había salvado por ser muy listo. Al principio de la canción que compuso reconoció que todo el mérito era de Dios: “Inquirí de Jehová, y él me contestó, y de todos mis sustos él me libró” (Salmo 34:4). Por eso, por experiencia propia, podía hacer la recomendación: “Gusten y vean que Jehová es bueno”.

Piensa en alguna situación en la que notaste que Jehová te estaba cuidando y escribe lo que sucedió. No tiene que ser nada del otro mundo; puede ser una de esas cosas buenas que a veces no valoramos lo suficiente.

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Cada uno de nosotros tiene que cultivar por sí mismo una buena amistad con Dios, y eso es así aunque tengamos la bendición de que nuestros padres nos enseñaran la verdad bíblica. ¿Estás cultivando tú esa amistad? ¿Todavía no? Entonces, este capítulo te ayudará a dar los primeros pasos. Jehová recompensará tus esfuerzos, pues la Biblia nos asegura: “Sigan pidiendo, y se les dará; sigan buscando, y hallarán” (Mateo 7:7).

TEXTO BÍBLICO CLAVE

“Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual.” (Mateo 5:3)

UNA SUGERENCIA

Si todos los días lees cuatro páginas de la Biblia, la terminarás en un año.

¿SABÍAS ESTO?

En realidad, tú estás leyendo este libro y obedeciendo sus consejos bíblicos porque Jehová está interesado en que seas su amigo (Juan 6:44).

¡MANOS A LA OBRA!

Esto es lo que voy a hacer para sacarle más partido al estudio de la Biblia: ․․․․․

Esto es lo que voy a hacer para asegurarme de orar más a menudo: ․․․․․

¿Qué quiero preguntarle a mi padre o a mi madre sobre este tema? ․․․․․

Y TÚ, ¿QUÉ PIENSAS?

● ¿Qué puedes hacer para que tu estudio de la Biblia sea más entretenido?

● ¿Por qué le interesan a Jehová las oraciones de seres humanos imperfectos?

● ¿Cómo puedes mejorar tus oraciones?

[Comentario]

“Cuando era pequeña, casi todas mis oraciones eran iguales. Ahora procuro hablar de las cosas buenas y malas que me pasan a diario. Como cada día es diferente, ya no repito siempre lo mismo.” (Eva)

[Ilustración y recuadro]

explora tu Biblia

1. Elige un relato bíblico que te llame la atención. Para entenderlo mejor, pídele a Jehová que te dé sabiduría.

2. Lee con cuidado. Nada de ir a toda prisa. Usa tu imaginación y pon los cinco sentidos en la lectura: por ejemplo, procura ver lo que ocurre, oír las voces de los personajes, oler los aromas, saborear la comida... De este modo, el relato cobrará vida dentro de tu cabeza.

3. Hazte preguntas. Cuando acabes la historia, pregúntate:

● ¿Por qué la habrá incluido Jehová en su Palabra?

● ¿Qué personajes son un buen ejemplo para mí, y cuáles no?

● ¿Qué lecciones puedo extraer para el día a día?

● ¿Qué me enseña sobre Jehová y sobre su forma de actuar?

4. Haz una breve oración. Cuéntale a Jehová qué has aprendido en tu estudio y cómo piensas ponerlo en práctica. Ah, y acuérdate de darle las gracias por su Palabra, la Santa Biblia.

[Ilustración]

“Tu palabra es una lámpara para mi pie, y una luz para mi vereda.” (Salmo 119:105)

[Ilustración y recuadro]

lo primero es lo primero

¿Eres de los que nunca encuentran tiempo para orar y para estudiar la Biblia? Muchas veces, el secreto está en tener claro qué va primero.

Vamos a hacer un experimento: Busca un balde y coloca dentro varias piedras grandes. Después vierte arena hasta el tope. ¿Qué tenemos? Fácil: un balde lleno de piedras y arena.

Ahora saca la arena y las piedras, y repite la operación, pero al revés. ¿Qué ocurre? No caben las piedras, ¿verdad? Eso es porque esta vez metiste primero la arena.

¿La moraleja? Si lo que pones primero en tu vida son las cosas pequeñas —como las diversiones—, no tendrás espacio para las grandes, es decir, los asuntos espirituales. Con razón la Biblia pide a los cristianos que “se aseguren de las cosas más importantes” (Filipenses 1:10). Si haces caso de este consejo, verás que tienes tiempo para las cosas espirituales y también para divertirte de vez en cuando. Recuerda: la clave está en poner primero las cosas grandes.

[Ilustración]

La amistad con Dios es como una planta: hay que cuidarla para que crezca