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Nueva Zelanda

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En 1769, cuando los primeros europeos pisaron la costa de Nueva Zelanda, los maoríes de piel tostada estaban allí para recibirlos. Estos habían llegado a estas remotas islas de Oceanía por canoa en el siglo catorce, más de 400 años antes de los blancos. Un historiador concluye: “Los relatos de los maoríes con relación a la Flota de 1350 A.C. están corroborados tan convincentemente por la evidencia externa que poseen la dignidad de historia comprobada.”

Para 1840, cuando había solamente unos 2.000 blancos en Nueva Zelanda, miles de maoríes se estaban interesando en la Biblia. Unos 60.000 ejemplares de las Escrituras Griegas Cristianas se imprimieron en la lengua maorí a principios de los años cuarenta del siglo pasado. En aquel tiempo la proporción de maoríes que podían leer y escribir era más grande que la de los blancos.

Pero a medida que los europeos fueron llegando en cantidades cada vez mayores, hubo guerras con los maoríes. La población maorí fue diezmada, y la cantidad de blancos alcanzó rápido incremento. Actualmente Nueva Zelanda tiene más de 3.000.000 personas, de las cuales solamente un 8 por ciento son maoríes. Todavía llegan muchos inmigrantes cada año a Nueva Zelanda; más o menos el 15 por ciento de la población ha nacido en el extranjero.

La mayoría de la población vive en las dos islas principales, la isla del Norte y la isla del Sur. Un estrecho de 26 kilómetros separa las dos islas. Más del 70 por ciento de las personas viven en la isla del Norte, aunque es la más pequeña de las dos. El área total de terreno de Nueva Zelanda, 269.057 kilómetros cuadrados, corresponde más o menos al tamaño del estado de Colorado, E.U.A.

El pintoresco encanto de esta tierra que los maoríes llamaban Aotearoa, “Tierra de la larga nube blanca,” viene de la combinación de un verde y ondulado terreno pastoril, llamativos lagos y fiordos, una región termal con géiseres y estanques de lodo hirviente, una flora distintiva y muy bella, cientos de arenosas playas oceánicas, montañas escarpadas coronadas de nieve, glaciares y ciudades relativamente libres de la contaminación del aire. Las ciudades principales de las islas —cada ciudad con más de 100.000 habitantes— son, en orden de tamaño, Auckland, Wellington, Christchurch y Dunedin.

El grueso de los habitantes de Nueva Zelanda profesan ser cristianos. Más de 900.000 pertenecen a la Iglesia Anglicana, unos 570.000 son presbiterianos, 480.000 católicos romanos, y 170.000 metodistas. Hay unos 7.000 testigos de Jehová, de los cuales más o menos 1.000 son maoríes. La historia de los testigos de Jehová en Nueva Zelanda principió hace más de 75 años.

EL COMIENZO

Para 1904, cierto hermano Richardson y su esposa llegaron de los Estados Unidos a Auckland, en la isla del Norte. Comenzaron una pequeña clase bíblica allí. Para 1907 un grupo también se estaba reuniendo en el hogar de H. S. Tarlton, en Christchurch, en la isla del Sur. Sin embargo, poco después algunos se separaron a causa de una disputa sobre el significado del bautismo.

No obstante, se sembró buena semilla en Christchurch en aquellos primeros días. Un colporteur, o repartidor, como se llamaba entonces a los predicadores de tiempo completo de los testigos de Jehová, visitó la casa número 1 de la calle Coronation. Una señora muy bondadosa, de apellido Barry, aceptó los seis tomos de los libros del Pastor Russell, ‘porque le dio lástima el viejito.’ A principios de 1909 el hijo de esta señora, William, y un compañero suyo, partieron en un viaje de seis semanas por barco a Inglaterra. Al ver los seis tomos, y sabiendo que iban a tener que ‘matar el tiempo’ durante el viaje, echaron los libros dentro de una de sus bolsas de viaje. Para cuando habían atravesado la mitad del mundo por via de Valparaíso, el Cabo de Hornos, Río de Janeiro, Tenerife y finalmente Londres, Bill Barry había estudiado los tomos hasta el grado de aceptar su mensaje como la verdad.

Años después, en junio de 1914, su compañero le escribió: ‘Bill, el mundo nunca ha parecido más pacífico; el Pastor Russell tiene que haberse equivocado.’ Pero entonces llegaron los meses de julio y agosto, y estalló la Gran Guerra en un tiempo de terrible dificultad, algo que los Estudiantes de la Biblia habían estado esperando por años.

En los años veinte, la verdad llegó a conocerse en el mundo de los negocios de Christchurch como “la religión de Bill Barry.” De joven, el hermano Barry conoció a algunos clérigos y consideró la verdad con ellos. Dijo que había conocido a varios pastores religiosos en ‘no muy mala condición’ antes de la primera guerra mundial, pero que nunca pudo volver a encontrar uno en aquel estado después. Él atribuyó esto a la culpa de sangre que se habían acarreado los clérigos al apoyar la guerra, de modo que Jehová Dios los había juzgado y rechazado.

Posteriormente Bill inculcó muy bien las verdades bíblicas en el corazón de sus hijos. Con el tiempo, su hijo Lloyd entró en el servicio de Betel en Australia, estuvo 25 años como misionero en el Japón, y durante los pasados seis años ha servido en el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová en Brooklyn, Nueva York.

Allá en aquellos días, para 1910, las hermanas Evans y Blick vivían en la ciudad capital, Wellington. Un repartidor viajante visitó a un granjero de Taita, a unos 24 kilómetros en las afueras de Wellington. Esta visita resultaría en gran gozo para estas hermanas. El granjero visitado por el repartidor se llamaba Jack Walters. Jack pidió tres tomos de los Estudios de las Escrituras. Su esposa, Edith, relata esto:

“Pasaron dos meses antes de que los libros llegaran, y mi esposo los leyó día y noche hasta terminarlos; no hablábamos de ninguna otra cosa. Él escribió a los Estados Unidos y pidió una Biblia y más libros. Para deleite y sorpresa suyos recibió el cuarto, quinto y sexto tomos de los ‘Estudios de las Escrituras,’ sobre los cuales no sabíamos nada. También recibimos la dirección de la sucursal de la Sociedad en Melbourne.”

Jack Walters escribió a la sucursal de Melbourne, Australia, y pidió una caja de libros. Al recibirlos, los colocó sobre su bicicleta, pasó sobre la colina al valle vecino de Wainuiomata, y se puso a hablar de su nueva fe a los pocos granjeros aislados que se hallaban allí. Actualmente hay un extenso complejo residencial allí, y un Salón del Reino de los Testigos de Jehová.

Al recibir el pedido de literatura de Jack Walters, la oficina de Melbourne envió una carta a las hermanas Evans y Blick y les informó que en la cercana Taita había un J. F. Walters que estaba interesado en la verdad. ¡Cuánto se regocijaron ellas al encontrar a este joven de 26 años de edad, un hermano en la verdad! Así tuvo su principio en 1911 la congregación de Wellington. La madre de Jack Walters aceptó la verdad, y lo mismo hicieron su hermana y hermano y otros miembros de su familia.

ABRIENDO EL PASO A LA PREDICACIÓN

Uno que tuvo mucho que ver con las primeras etapas del desarrollo de la adoración verdadera en Nueva Zelanda fue Ed Nelson, hombre lleno de energía y celo, no muy dotado de prudencia, pero dedicado de todo corazón a la obra del Señor. No había transigencia en su habla, que estaba coloreada con un acento finlandés. Él se bautizó en el verano de 1902 en Los Ángeles, Estados Unidos, y trabajó en las oficinas de la Sociedad en Melbourne en 1909 y 1910 antes de llegar a Nueva Zelanda. Por 50 años sirvió en la obra de precursor, hasta su muerte en agosto de 1961. Desde los campos de árboles del tipo kauri al norte de Nueva Zelanda hasta el Bluff (el punto más meridional de Nueva Zelanda), todavía se puede encontrar a personas que recuerdan las visitas de Ed Nelson.

La primera asamblea del pueblo de Jehová en Nueva Zelanda fue organizada por el hermano Nelson en diciembre de 1912. Unas 20 personas se reunieron en la parte trasera de un hogar particular en Wellington. De este grupo, ocho personas se presentaron para bautizarse. En aquellos días el bautismo era una ocasión seria, en la cual los que se iban a bautizar se vestían en largas batas negras.

En 1914 Ed Nelson obtuvo la colaboración de Frank Grove, quien se había bautizado en diciembre de 1913. Poco después, Frank abandonó la tienda de libros que tenía en Christchurch. Él quería disfrutar aunque fuera por unos cuantos meses de la obra de precursor antes de que llegara el esperado fin del sistema de cosas en el otoño de 1914. Después, a Frank le gustaba citar las palabras de Jeremías 20:7: “Me has embaucado, oh Jehová, de modo que fui embaucado.” Su servicio de precursor, que él esperaba que sería breve, se extendió por más de 50 remuneradores años hasta su muerte en 1967.

Al completar un cuestionario para la Sociedad en cierta ocasión, Frank Grove indicó con relación a su salud: “Vista muy mala.” Los que lo conocían recuerdan el mucho aumento que tenían los lentes de sus anteojos, y su penetrante voz masculina que nunca perdió su vigor. Cuando los grupos de Testigos interrumpían su obra al mediodía para comerse un bocadillo, solían reunirse alrededor de Frank, quien recitaba de memoria largos pasajes de las Escrituras, incluso capítulos enteros de Levítico y de otros libros de la Biblia. Él sirvió de superintendente de congregación en Christchurch por muchos años, y después, desde 1940 hasta 1945, también sirvió en esta capacidad en Invercargill.

Frank Grove estuvo en la segunda asamblea de Nueva Zelanda en diciembre de 1913, a la cual asistieron 50 personas de todas partes del país. En aquellos días no había automóviles, de modo que los delegados llegaron por tren a la estación de ferrocarril de Lower Hutt. Allí les esperaban coches tirados por caballos que los llevaron al sitio de la asamblea en una granja. Muy pocos de los delegados se habían conocido antes, y pasaron un rato gozoso. Un granero de buen tamaño había sido preparado para las reuniones. Un henal había sido despejado y en aquel lugar se habían colocado camas alquiladas donde dormirían los hermanos; a las hermanas se les dio alojamiento en la granja, así como en una casa amueblada que se había alquilado.

Para 1914 había un muy pequeño, pero sólido, núcleo de proclamadores del Reino. Cuatro de ellos eran repartidores, mientras que otros ocho hacían lo que se llamaba trabajo “voluntario.” Este consistía en distribuir El púlpito de la gente y el Mensuario de los Estudiantes de la Biblia por medio de colocarlos debajo de las puertas los domingos por la mañana. Esta pequeña banda de publicadores del Reino, un total de 12, distribuyó 3.172 libros y 75 revistas en 1914.

“FOTO-DRAMA DE LA CREACIÓN”

El Foto-Drama de la Creación era una película cinematográfica y una presentación de diapositivas acerca de los propósitos de Dios según los enseña la Biblia. Fue producido por la Sociedad Watch Tower y presentado al público en 1914. La película y las diapositivas fueron llevadas a Nueva Zelanda por el hermano Lee, de Vancouver, Canadá. El 1 de octubre de 1914 se presentó el programa en la Alcaldía de Wellington.

A veces la voz grabada del Pastor Russell coincidía con la película y a menudo no coincidía, pero, con todo, era una excelente producción. Una buena cantidad de personas aceptaron la verdad como resultado de haber visto el programa. Una de éstas fue Alice Webster, quien todavía es proclamadora fiel en la congregación de Lower Hutt.

En Christchurch había solamente tres Estudiantes de la Biblia entonces, de modo que tres más llegaron de Wellington para ayudar a exhibir la película y las diapositivas. Alquilaron el salón más grande de Christchurch, el Teatro del Rey. ¡Este se llenó a capacidad cada noche por todo un mes! En aquellos tiempos la ley no prohibía fumar en auditorios públicos. Por lo tanto el aire se llenaba de humo de tabaco, lo cual hacía necesario el uso de una lámpara de arco de 7.000 bujías para que hubiera suficiente luz.

Puesto que la lámpara funcionaba con solamente 45 voltios, los hermanos disminuían la carga de 110 voltios con grandes rollos de alambre ordinario de cerca. Estos a veces se calentaban muchísimo, y en una ocasión hicieran que se incendiara la casilla de proyección. Un bombero alerta rápidamente cortó la corriente. Después de aquel incidente los hermanos siempre tenían a la mano varias frazadas mojadas para hacer frente a cualquier emergencia similar. Sin embargo, ni el humo del fumar ni el equipo primitivo restaban vigor a la presentación. El auditorio de cada exhibición se sentía muy emocionado y daba toda su atención.

UN TIEMPO DE PRUEBA

En 1916, cuando murió Charles Taze Russell, el presidente de la Sociedad Watch Tower, y fue sucedido por Joseph F. Rutherford, hubo repercusiones de discordia hasta en Nueva Zelanda. Algunas personas de la organización se opusieron abiertamente al nombramiento del hermano Rutherford. Unos cuantos agitadores estadounidenses escribieron cartas a los hermanos de Nueva Zelanda con la mira de fomentar divisiones. A la misma vez, hubo ataques desde afuera. Periódicos de Nueva Zelanda lanzaron ataques difamatorios contra el pueblo de Jehová. En una ocasión hubo detectives presentes en un estudio bíblico en Wellington, pues creían que iban a encontrar elementos sediciosos entre los hermanos.

Sin embargo, la obra de predicar siguió adelante con éxito, con el resultado de que el número de proclamadores del Reino aumentó de 12 en 1914 a 18 en 1918. Uno de los que se unió a la pequeña congregación de Wellington durante los años de la guerra fue Oliver Canty, antiguamente capitán en el Ejército de Salvación. Después de leer los Estudios de las Escrituras se dio cuenta de que había hallado la verdad y por lo tanto se retiró del Ejército de Salvación. Se casó con una de las hermanas de la congregación de Wellington en 1917 y se mudó a Dunedin, donde fue superintendente de congregación hasta su muerte en 1934. Así se llegó a formar una congregación en la cuarta ciudad entre las más grandes del país, de modo que hubo un total de seis congregaciones desde el norte hasta el sur. Esto estableció un sólido fundamento para la enérgica predicación que se emprendió en los años veinte.

CÓMO SE ESPARCIÓ LA VERDAD

Los precursores de los primeros días eran precursores en el verdadero sentido de la palabra. Penetraban en los rincones más inaccesibles del país en un tiempo en que el transporte era muy primitivo, y los caminos eran poco más que sendas formadas por las pisadas de los bueyes. La hermana Early fue una precursora de esa índole. Precursores de tiempos posteriores descubrieron que la hermana Early ya había estado allí antes que ellos. Debe mencionarse que el nombre de la hermana Early significa, en inglés, temprano. Por eso una precursora comentó: “La hermana Early [Temprano] siempre estuvo ‘early’ [temprano], sea que uno deletree su nombre con mayúscula o simplemente con minúscula.”

Cuando la hermana Early murió, en 1943, a los 74 años de edad, había servido 34 años en la obra de precursor. Cubrió todo el país en bicicleta. Aun cuando se vio paralizada por la artritis y no pudo montar la bicicleta, la usó para apoyarse y para llevar sus libros en el distrito de los negocios de Christchurch. Ella podía subir las gradas, ¡pero tenía que bajarlas de espalda debido a la parálisis que la incapacitaba! Una noche su médico le preguntó: “¿Está lista para irse al cielo, señorita Early?”

“Mientras más pronto, mejor, doctor,” contestó ella. No hay duda de que vio realizada su esperanza, y que ‘las cosas que hacía fueron junto con ella.’—Rev. 14:13.

Los discursos públicos que pronunciaban hermanos que visitaban desde la sucursal de Australia también contribuyeron mucho al crecimiento teocrático en los años veinte. Por ejemplo, Bill Cooper asistió al discurso “Millones que ahora viven no morirán jamás,” que pronunció William Johnston en la Alcaldía de Wellington en 1920. Bill aceptó la verdad, y por muchos años sirvió de superintendente presidente en Wellington.

Cuando se pronunció el mismo discurso en el pueblo de Waihi, donde había minas de oro, el joven Bill Samson y su esposa aceptaron la invitación de asistir. Dejaron su nombre y dirección, y Ed Nelson y su esposa los visitaron. Luego la visita se pasó a Fred Franks, quien ayudó a los Samson a adelantar en la verdad.

Michael Cassidy O’Halloran, quien había sido soldado y había perdido una pierna en la I Guerra Mundial, estuvo entre los que se asociaron con la congregación de Christchurch en los años veinte, cuando ésta se reunía en un cuarto pobremente alumbrado en lo más interior de los Aposentos de los Constructores. Sí, Mick era irlandés y había sido católico. Más tarde, cuando fue hospitalizado con el fin de que le amputaran la otra pierna, el personal del hospital no podía comprender cómo alguien con semejante nombre podía ser testigo de Jehová. A pesar de su impedimento físico, Mick pasó muchos años en el servicio de tiempo completo en Nueva Zelanda y en Australia. Su disposición siempre alegre y su ingenio de irlandés sirvieron en gran manera para estimular a otros, tanto jóvenes como viejos, a ponerse en el camino de la verdad.

La literatura de la Sociedad, colocada en manos de la gente por trabajadores celosos, puso a muchas personas en el camino de la verdad. Reg Johnston, quien vivía en Thames, otro pueblo con minas de oro cerca de Waihi, no podía recordar cuándo la familia no había tenido en su estante de libros los seis tomos de Estudios de las Escrituras. Antes de morir en 1916, su madre le habló acerca del contenido de los tomos. Puesto que deseaba conocer más, Reg se comunicó más tarde con “el abuelo” Franks, como llamaban al padre de Fred Franks. Reg explicó:

“Noche tras noche este hermano de edad avanzada me ayudó a comprender las verdades que para nosotros son tan preciosas. A menudo, al acercarse ya la medianoche, él me decía: ‘Es hora de que te vayas a casa, Reg .’

“Mi padre todavía estaba vivo, y él y otros parientes míos estaban enojados conmigo porque yo había abrazado una nueva religión, llamada en Thames ‘la religión de Franks.’ Finalmente llegó el momento crucial. Papá me echó de casa porque yo rehusaba adherirme a la Iglesia Anglicana.”

Reg Johnston después se casó y sirvió con su esposa, Reta, durante tres años y medio en el Betel de Australia. En 1940 regresó a Nueva Zelanda y desde 1940 hasta 1946 fue “siervo a los hermanos,” como entonces se llamaba a los superintendentes de circuito.

Ken Pepin llegó a Nueva Zelanda desde Inglaterra en 1924. Un día, en septiembre de 1928, mientras salía de su lugar de empleo seglar después de un largo día de trabajo, oyó a un hombre dar un suspiro de alivio y decir: “¡Adelante! ¡Otro día más cerca de la sepultura!”

Ken se dirigió a un compañero de trabajo que caminaba a su lado y le dijo: “Él quiere decir un día más cerca del cielo, ¿no?”

“No; él tiene razón,” fue la respuesta inesperada. La conversación continuó desarrollándose por unos cuantos minutos mientras se acercaban a un terminal de tranvías. Allí se separaron para viajar a sus respectivos hogares por diferentes rutas. Sin embargo, la mañana siguiente el compañero de trabajo de Ken le llevó un ejemplar del folleto ¿Dónde están los muertos? Según lo relata Ken:

“Leí el folleto con el fin de probar que lo que allí se decía estaba errado, de modo que confronté cada declaración y cada referencia con la Biblia. Sin embargo, hallé que este folleto probaba que lo que yo había creído anteriormente estaba equivocado. Nunca regresé a la iglesia.” Ken pasó después muchos años en el servicio de precursor en Nueva Zelanda.

Cliff Keoghan era un carnicero que trabajaba en Taumarunui, en el centro de la isla del Norte. Su novia, que vivía en Auckland, le escribió en 1928 para decirle que acababa de leer un libro que explicaba la Biblia con muchísima claridad. Ella envolvió el libro, El Arpa de Dios, y se lo envió por correo. Aquel día la casa de ella se le quemó por completo. Todo fue consumido por el fuego, pero el libro ya estaba en el correo.

Aquel libro transformó la vida de Cliff. Este regresó a Auckland y comenzó a asistir a las reuniones de la congregación local, en la cual había unas 30 personas. Actualmente él es anciano de congregación en Auckland, donde hay 21 congregaciones y unos 1.800 publicadores del Reino.

A fines de los años veinte hubo un grave problema de desempleo en Nueva Zelanda, un tiempo en el cual, bajo circunstancias normales, nadie habría abandonado su trabajo seglar. Sin embargo, en 1928 Bert Christensen hizo precisamente eso; emprendió el servicio de precursor. “Nunca me ha pesado ni por un momento,” explicó él. ¿Qué territorio se le asignó? ¡Toda la costa occidental de la isla del Sur! Bert abarcó su territorio en seis meses, alojándose donde podía, fuera con amistades o en pensiones.

Para el año 1928 había 10 precursores y unos 63 trabajadores de tiempo parcial en Nueva Zelanda. Distribuyeron unos 12.000 libros y 28.000 folletos aquel año. A fin de mantener a estos predicadores celosos bien aprovisionados, en 1928 se estableció un depósito de literatura en Wellington. Con el tiempo se compró una casa en el 69 de Kent Terrace, Wellington, para usarla como depósito. Esta casa sirvió de oficina central de los testigos de Jehová en Nueva Zelanda hasta el año 1947, cuando se formó la sucursal.

ASAMBLEA MAORÍ

La primera reunión maorí se celebró en 1928 en el hogar de Tuiri Tareha, en Taradale, en la costa oriental de la isla del Norte. Tuiri había obtenido la literatura de la Sociedad de unos parientes, y pronto quedó convencido de que había hallado la verdad. Por lo tanto se retiró de la iglesia. Su hijo Charles describe lo que sucedió:

“Esto causó un tumulto en la jerarquía anglicana, debido a la posición prominente que ocupaba papá en la sociedad maorí. Inmediatamente se convocó una reunión especial que tenía como propósito lograr que él revocara su renuncia. Papá consintió en que hubiera la reunión —no en la iglesia— sino en nuestra propiedad, donde se había edificado una enorme plataforma para aquella ocasión. Presentes en la reunión estuvieron varios clérigos, entre ellos F. Bennett, el obispo anglicano de Nueva Zelanda, junto con una gran multitud de más o menos 400 otras personas, tanto blancos como maoríes.

“El portavoz maorí para la Iglesia pareció evitar a propósito usar la Biblia. Más bien, apeló a las emociones. A manera de recordatorio dijo: ‘Nuestros antepasados creían que el alma sigue viviendo después de la muerte, y sin embargo usted ha decidido abrazar una religión que niega la existencia del alma.’ Entonces papá se puso a mostrar, con la Biblia, que la persona misma es un alma, y que, por lo tanto, cuando la persona muere, el alma muere. Papá también explicó que Dios puede resucitar a la persona para que ésta sea un alma viviente de nuevo.

“Cuando se hizo claro que el clérigo anglicano no estaba presentando un caso convincente, éste hizo un ademán impaciente en dirección a la iglesia cercana que mi bisabuelo había construido y, con voz cargada de emoción, exclamó: ‘Lo exhorto por última vez a no abandonar esta sagrada herencia que le han legado sus ilustres antepasados.’

“Después de eso papá se puso de pie, agradeció a todos el que hubieran venido, y explicó que ahora estaba más convencido que nunca de que tenía la verdad. Informó a todos en cuanto al día y la hora de nuestro estudio acostumbrado de la Biblia y los invitó a asistir. Muchos lo hicieron.”

LA VERDAD LLEGA A UN PASTOR AISLADO

Allá en 1929 Lew James estaba trabajando en una enorme granja de ovejas cerca de Cheviot, en la isla del Sur. Un día caliente y soleado, después del almuerzo, él estaba durmiendo la siesta en la barraca cuando alguien se presentó a la entrada. Era Ben Brickell, un joven que dijo que estaba esforzándose por “llegar a todas las personas para ayudarlas a obtener un conocimiento de la Palabra de Dios, la Biblia, mediante investigación personal.” Lew empezó a acosarlo con preguntas: “¿Qué le sucede a uno cuando muere? ¿Hay realmente un lugar de tormento eterno?”

“La facilidad con que el hombre abría su Biblia y leía los textos bíblicos para dar respuesta a mis preguntas realmente me asombró,” explicó Lew. “Por casi una hora cautivó por completo mi atención hablándome acerca de la resurrección, la venidera paz de mil años, la restauración del paraíso sobre la Tierra y, sobre todo, de que Jehová es el Dios verdadero.”

Lew obtuvo los cuatro libros Creación, Profecía, ¡Liberación! y Gobierno, y pidió que se le enviara más literatura. Pronto estuvo desvelándose en consideraciones de la Biblia con los pastores que eran sus compañeros, y hacía que éstos leyeran La Atalaya. Finalmente escribió a la sucursal de Australia y se ofreció para servir de precursor. Se le instruyó que se pusiera en comunicación con Frank Grove en Christchurch. Lew abandonó la granja de ovejas y se encaminó a Christchurch, donde habría de emprender una nueva carrera como precursor en el servicio de Jehová.

PONIENDO EN PRIMER LUGAR LOS INTERESES DEL REINO

Para este tiempo Cliff Keoghan estaba pensando en casarse. El Bulletin (Boletín) mensual (ahora Nuestro Servicio del Reino) llevó en letras gruesas el encabezamiento: “ID VOSOTROS TAMBIÉN A LA VIÑA.” “Esto nos pareció clara indicación de que faltaba poco para el fin,” explicó Cliff. Por lo tanto, en 1930 él y su esposa Edna pasaron su luna de miel de dos semanas sirviendo de precursores. ¡Su territorio se extendía desde Opotiki hasta Dannevirke, es decir, casi la cuarta parte de la isla del Norte! Cliff describió como sigue uno de sus alojamientos:

“En Opotiki alquilamos una casuchita de lata donde dormimos sobre un colchón de alambres. Este estaba colocado sobre cajones, y cubierto solamente con una frazada. Lo llamamos nuestra ‘imprenta’ debido a las marcas que dejó impresas en nuestros cuerpos después de una noche de descanso.”

En 1931 les nació un hijo a los Keoghans, de modo que pasaron el invierno en Auckland. Pero pocos meses después salieron a servir con su hijito, llevando el mensaje del Reino a la gente.

DE PRECURSORES DURANTE TIEMPOS DIFÍCILES

Los Keoghans se unieron a otros que estaban sirviendo de precursores. Entre los precursores estaban Norman y Olive Cochrane, Wally Wood y su hija Eileen, Len y Arthur Rowe, y Len Belcher. Comenzando precisamente al sur de Auckland, el grupo “trabajó” todos los distritos de costa a costa, hacia el sur.

Nueva Zelanda se hallaba entonces en una depresión económica, y la gente luchaba por ganarse la subsistencia. Se habían erigido campamentos de socorro gubernamentales en las llanuras de Hauraki, las cuales eran principalmente tierras pantanosas sin labranza. Hombres, incluso médicos y abogados, entraban en grandes cantidades en el campamento desde todas partes de la isla del Norte. Algunos habían caminado desde tan lejos como Wellington, a más de 480 kilómetros de distancia. Estos trabajaban cavando canales y desagües en un proyecto en desarrollo en el pantano. La mayoría de estos hombres escuchaban a los precursores, pero no podían pagar por la literatura.

Al acercarse el mes de diciembre de 1932 los precursores partieron hacia la asamblea nacional de Wellington. El hermano MacGillivray, el siervo de sucursal de Australia, y Harold Gill, quien había sido asignado a organizar la obra de predicar en Nueva Zelanda, estuvieron en aquella asamblea. Allí se organizó a los precursores para que efectuaran su obra en las dos islas principales.

EL TRABAJO EN LA ISLA DEL NORTE

Un grupo de precursores recibió instrucciones de establecer su base a 145 kilómetros al norte de Wellington, en Palmerston North. Tenían un remolque Buick, un auto Buick, dos tiendas de campaña y cuatro bicicletas. Llevaban las bicicletas en una plataforma en el frente del auto. En los caminos secundarios solían descargar una bicicleta, y un precursor bajaba para trabajar en aquel territorio. Generalmente las hermanas testificaban en los pueblos y los hermanos trabajaban en las zonas rurales.

Mientras acampaban en Eketahuna, los hermanos solían salir a las seis de la mañana y viajar en bicicleta durante el día más de 42 kilómetros por inhóspitos caminos de grava. A menudo visitaban finca tras finca y las hallaban abandonadas. Las familias las habían abandonado poco antes, al haber perdido todo cuanto tenían debido a la depresión económica. Abandonaban las casas con todo y muebles. Las personas a quienes los hermanos hallaban generalmente se alegraban de oír las buenas nuevas del Reino y de enterarse de que al debido tiempo de Jehová ‘disfrutarían por largo tiempo de la obra de sus manos.’—Isa. 65:22, Versión Autorizada.

Entonces surgió una emergencia inesperada. Se desarrollaron serias dificultades en la congregación de Auckland debido a las rebeldías de algunos ancianos electivos. De modo que la sucursal de Australia pidió al grupo de precursores que volvieran a Auckland para dar apoyo a los leales y establecer un hogar de precursores allí. Así, la obra planeada del grupo de la isla del Norte quedó interrumpida.

EL GRUPO DE PRECURSORES DE LA ISLA DEL SUR

El grupo de la isla del Sur constaba de unos 12 a 14 precursores. Harold Gill organizó el grupo, al cual se unió Jim Tait más adelante.

Jim era un hombre joven de mente seria que respondió a la invitación de escuchar una conferencia grabada de J. F. Rutherford en el Teatro Cívico de Christchurch. Al llegar allí, Jim fue presentado a Harold Gill. Harold le preguntó si podía verlo frente al teatro la noche siguiente, puesto que había oído que Jim estaba realmente interesado en las cosas que había escuchado. La noche siguiente Jim ordeñó apresuradamente las vacas y viajó en bicicleta unos diez kilómetros de distancia hasta el Teatro Cívico. Sentados en el auto de Harold, Jim y Harold hablaron. Gill dijo finalmente: “Si estás seguro de que ésta es la organización de Dios, ¡entonces debes servir de precursor ahora!”

“¿Qué es eso de ‘servir de precursor’?” preguntó Jim.

Así que a Jim se le explicó el arreglo del grupo de los precursores. ¿Dejaría él su empleo seglar y la seguridad que éste le ofrecía en aquellos tiempos de depresión? Él decidió dejarlo, y describió lo que sucedió así:

“El hermano Gill fue a buscarme a casa, como acordamos. El día estaba caliente y del noroeste soplaba un viento fuerte. Yo llevaba puesto un traje azul marino y un sombrero completamente nuevo. Él sujetó a su auto mis pertenencias junto con mi bicicleta. Dije adiós a mis padres y partí para unirme al grupo de precursores, sin saber aún con exactitud lo que en verdad envolvía el servir de precursor. Pero yo sí creía algo . . . estaba uniéndome a la organización de Dios.”

RESUELTOS PROCLAMADORES DE LAS BUENAS NUEVAS

Aquellos precursores eran personas vigorosas, que podían resistir trabajo arduo y condiciones estrenuas, y estaban dispuestas a hacerlo. Trabajaban de ocho a 10 horas diarias, y no recibían mesada alguna, sino que contaban únicamente con el dinero que recibían por la literatura que obtenían a tarifas reducidas.

La temporada del invierno en la isla del Sur era una prueba de resistencia. Al despertar por las mañanas, los precursores solían hallar, colgando en el interior de su tienda, hielo formado por la condensación de su aliento mientras dormían. Las telas de la tienda, heladas, se ponían duras como una tabla. El lavado matutino envolvía triturar hielo hasta de dos centímetros de grueso. Los hermanos solían desayunarse con los abrigos puestos, para mantenerse calientes.

Todas las semanas apartaban un día para examinar y reparar sus “caballos de hierro” (bicicletas) y preparar su ropa. Esto último era una operación primitiva que hacían en una lata abierta de querosén sobre un quemador de querosén. Las hermanas utilizaban una plancha de gasolina, mientras que los hermanos mantenían sus pantalones planchados por medio de colocarlos debajo del colchón todas las noches.

La experiencia del apóstol Pablo que se registra en 2 Corintios 11:26, “en peligros de ríos,” se repitió cuando los precursores llegaron al pueblito de Tuatapere, muy al sur. En esta ocasión estaban divididos en dos grupos de seis cada uno. Algunos hermanos levantaron su campamento justamente fuera de Tuatapere, a orillas del río Waiau. Estos hallaron un frágil refugio pequeño que nadie estaba usando y se instalaron allí.

El tiempo estaba más templado que de costumbre, lo cual produjo un deshielo inoportuno en las montañas. El río creció, pero los precursores no estaban indebidamente preocupados, pues estaban cenando. Mas al acercarse la noche se alarmaron al ver que el agua llegaba hasta el piso. ¡Estaban atrapados! Solo tenían dos velas para alumbrarse. Tarde aquella noche, después de orar a Jehová, finalmente se durmieron.

Durante la noche el río se desbordó. Pronto madera y leños flotantes comenzaron a dar contra el frágil refugio de los precursores, despertándolos. ¡Al extender la mano para halar las mantas hacia su cama, uno de los precursores se alarmó al tocar agua! ¡Fue una experiencia espeluznante! Dieron gracias a Jehová la mañana siguiente cuando hallaron que el nivel del agua había retrocedido a debajo del nivel del piso, dejando una maloliente capa de lodo y cieno. Sin escape por el momento, se quedaron allí una noche más hasta que pudieron vadear con seguridad hasta el camino y continuar sirviendo a Jehová intrépidamente.

El grupo cubrió dos veces la isla del Sur en su obra. Es interesante el hecho de que no fue sino hasta 1933, después de servir de precursor todo un año con el grupo, que Jim Tait se bautizó en el mar un frío día de octubre. En la segunda vuelta por la isla, Jim trató de ahorrar suficiente dinero de sus colocaciones de literatura como para comprar un juego de dientes postizos. Cuando el grupo completó su gira, él halló que tenía exactamente la cantidad que necesitaba, £25 ($50,00 E.U.A.). ¡Qué alegre se sintió de que Jehová le hubiera dado suficiente prosperidad como para que pudiera satisfacer esta necesidad! Entonces, antes de que pudiera comprar los dientes, recibió una carta de la Sociedad en la que se le preguntaba si quería ir a las islas de Chatham, territorio virgen en aquel tiempo.

Las islas de Chatham están a unos 800 kilómetros al este de Christchurch, y se les considera parte de Nueva Zelanda. Estas tenían entonces una población de unos 800 maoríes ocupados principalmente en la agricultura y la pesca. La gente de allí vivía de modo primitivo, y nunca habían visto ni siquiera una bicicleta. El único medio de transportación era el caballo. Jim tendría que viajar por barco desde Lyttelton hasta Waitangi, un puerto pequeño en la isla principal de las Chatham, y tendría que pagar su propio pasaje... ¡exactamente 25 libras esterlinas (£25)!

SIRVIENDO EN LAS ISLAS DE CHATHAM

Así que Jim partió rumbo a las islas de Chatham, mientras sus dientes postizos todavía eran una esperanza. Llegó con varias cajas de libros y folletos. Explicó:

“No conocía a nadie en la isla. Nadie me fue a recibir. Todos se transportaban a caballo. No había carreteras ni vehículos motorizados de clase alguna. Hablé con un granjero y alquilé un caballo. Hice alforjas de unos costales, las llené de libros, y las colgué a los lados de la silla de montar. Llevaba otro costal a la espalda con mi equipo de afeitar y mi toalla cuando empecé a recorrer la isla con el mensaje del Reino.

“La gente tenía curiosidad, y por la noche siempre alguien me daba albergue. ¡Cuánto agradecía aquella provisión de Jehová! Algunos días recorría a caballo muchos kilómetros y visitaba sólo una o dos casas. Una vez recibí las instrucciones más extrañas para llegar a una remota granja de ovejas a 40 kilómetros de distancia. Por ejemplo, una señal era un montón de huesos secos donde un buey había muerto. Aquí un cambio de dirección me llevaría a un punto en particular donde debería entrar en un lago poco profundo, el cual tenía que cruzar por 6 kilómetros en línea recta, no fuera que por desviarnos del curso el caballo y yo nos hundiéramos en cierta clase de arena movediza. Comencé a preguntarme: ¿Me proveerá Jehová lo que necesito esta noche? ¿Me recibirán en la casa solariega? ¿Qué hay si no me acogen?

“Estaba oscuro cuando até mi caballo a las barandillas de la casa. Con mi bolsa de libros, subí y toqué a la puerta. Una señora abrió la puerta, me echó una mirada y dijo con gran sorpresa: ‘¡Jim Tait! ¿Qué haces aquí?’ Sí, era una joven que, cuando niña, había ido a la escuela conmigo. Fui muy bien recibido en aquella casa. Jehová Dios había provisto para mí nuevamente. ¡Qué feliz me sentí! Coloqué casi todos mis libros en manos de la gente de la casa solariega y al día siguiente regresé a Waitangi.”

Después de pasar dos meses testificando en las islas de Chatham, y distribuir muchas cajas de libros, Jim volvió a Lyttelton, el puerto de Christchurch. Compensó sus gastos con las contribuciones por la literatura y halló que todavía le quedaban exactamente £25. ¡De modo que pudo comprar sus dientes postizos! Años más tarde, en una asamblea, tuvo el gozo de conocer a una hermana que tenía una familia joven, quien recordó haber visto por primera vez a Jim cuando él visitó la casa de ella en las islas de Chatham.

PUBLICIDAD EN CHRISTCHURCH

La congregación de Christchurch hizo arreglos para tener una conferencia pública en un teatro del centro de la ciudad. El discurso había de ser la conferencia grabada “Fascismo o libertad,” pronunciada por el presidente de la Sociedad Watch Tower, Joseph F. Rutherford. El Concejo Municipal concedió permiso para una marcha con cartelones en los que se daba publicidad al discurso. Se les dio la ruta que deberían seguir, de modo que no hubiera conflicto con un desfile de un concurso de bandas musicales, fijado para aproximadamente la misma hora.

De dos en dos salieron los hermanos con sus cartelones de publicidad. A medida que se acercaban a la calle principal podían oír música de una banda cada vez más cercana. Justamente cuando llegaron a la intersección, una banda pasó tocando una marcha animada. Había un espacio de unos 15 metros entre esta banda y la próxima que venía. ¿Qué harían los hermanos? Se acomodaron en aquel espacio, llevando los cartelones que anunciaban el discurso. ¡Fue un gran testimonio para miles de personas alineadas a ambos lados de la ruta! Aquel domingo la pequeña congregación de Christchurch tuvo una concurrencia de 500 personas para su discurso público. ¡Qué extraordinario testimonio!

HERMANAS CELOSAS

Mientras tanto, en la isla del Norte, la hermana Ida Thompson y las hermanas Barton, Jones y Priest encabezaron la obra de predicar durante los años treinta. Solían pasar nueve días de una vez fuera de sus hogares, testificando en todos los pueblos y fincas por varios cientos de kilómetros al norte de Wellington. Llevaban consigo muchas cajas de literatura y casi siempre distribuían toda la literatura. Muchas veces, cuando la noche las sorprendía, acostumbraban dormir en almacenes de heno o en su auto. Estaban dispuestas a enfrentarse a penalidades por causa del Reino, y se mantuvieron en esta actividad desde 1932 hasta 1940. El hijo de Ida Thompson, Adrian, estuvo entre los primeros misioneros que entraron en el Japón, en 1949, y allí desplegó un espíritu de “precursor” similar a aquél al llegar a ser el primer superintendente de circuito de los testigos de Jehová en ese país.

Durante estos primeros años el énfasis se daba por entero a la distribución de literatura. Se animaba a la gente a leer y estudiar las publicaciones, pero no se conocían los estudios bíblicos como los conducimos ahora. No obstante, se efectuó una maravillosa siembra de las semillas de la verdad.

OBRA CON AUTOS CON EQUIPO SONORO

Un medio principal de proclamar el mensaje del Reino en aquel tiempo era el automóvil con altavoz. A veces los discursos del hermano Rutherford eran amplificados de manera que pudieran oírse a más de 5 kilómetros de distancia. Una vez un ama de casa le dijo a Jim Tait: “¿Sabe una cosa? Esta mañana oí algo poco usual. Oí una música que venía desde las nubes y la voz de un hombre. ¡Pensé que se acercaba el fin del mundo!” Después de recibir una explicación del asunto, ella aceptó de buena gana literatura bíblica.

En Auckland la obra con el automóvil equipado de altavoz a veces se recibía bien y a veces mal. A veces, cuando los publicadores llegaban después de haberse anunciado su presencia por el altavoz, las amas de casa solían esperar la literatura con el dinero en la mano. En otras ocasiones, muchedumbres encolerizadas solían apedrear el auto y trataban de arrancar del techo el altavoz.

VISITA DE J. F. RUTHERFORD

En 1938 J. F. Rutherford hizo su primera y única visita a Nueva Zelanda. Llegó en abril en camino a una asamblea en Australia y habló ante la congregación de Auckland en la Sala de la Fuente de la Amistad. Aquella misma noche el barco en que iba el hermano Rutherford partió hacia Sydney, Australia, ahora con 14 hermanos de Nueva Zelanda como compañeros de viaje del hermano Rutherford. Todos fueron invitados a la habitación privada de Rutherford en el barco, el 15 de abril, para la celebración de la Conmemoración de la muerte de Cristo.

En el viaje de regreso dos semanas más tarde, se dio un testimonio organizado en el barco. Se metieron hojas sueltas por debajo de todas las puertas y todo el barco fue abarcado con esta obra temprano en la mañana antes de que alguien supiera lo que estaba pasando. El hermano Rutherford, puesto que dispuso de unas horas al llegar al puerto de Auckland, pronunció un discurso público en la Sala del Ayuntamiento de Auckland durante la hora del almuerzo el 2 de mayo de 1938.

ACTIVIDAD MIENTRAS SE JUNTAN NUBARRONES

En 1939, Robert Lazenby fue asignado a atender el almacén de literatura de Nueva Zelanda en Wellington. Reg Johnston, quien había estado sirviendo en el Betel de Australia, se unió a Robert. Solo había aproximadamente 12 hermanos asociándose con la congregación de Wellington en aquel tiempo. Se reunían en la sala de espera de la casa en el 69 de Kent Terrace, donde también estaba la oficina central del almacén. Para 1939 había 320 publicadores del Reino en Nueva Zelanda, entre ellos 35 precursores, organizados en 19 congregaciones.

Nubarrones de oposición religiosa estaban juntándose ahora. La Iglesia Católica, en particular, estaba sufriendo por el desenmascaramiento de sus enseñanzas y prácticas por medio de la literatura que distribuían los Testigos. El ejemplar del 19 de abril de 1939 de la publicación católica Tablet, de Nueva Zelanda, se refirió a los testigos de Jehová y declaró: “Mientras tanto, el deber de todo buen ciudadano es protestar ante su representante en el Parlamento contra esta creciente amenaza. Si se protestara lo suficiente, el Gobierno se vería obligado a tomar acción.”

PROSCRITA LA OBRA DE PREDICAR

Un año más tarde, el 13 de octubre de 1940, los hermanos estaban anunciando el discurso grabado del hermano Rutherford “Gobierno y paz” en el pueblo pequeño de Oamaru, en la isla del Sur. Aquella noche unas 40 personas, entre ellas un alguacil, concurrieron a la presentación. La segunda guerra mundial se peleaba en Europa, y la persecución de los Testigos había estado aumentando. Así que George Edwards y Hallett Ridling estaban de guardia en la puerta. Cierto William Meehan, armado con un rifle calibre .303 con bayoneta calada, se les acercó: “Los he atrapado ahora,” dijo. “Así que, ¡manos arriba! Dispararé si desobedecen.”

Sobrevino un forcejeo en el cual los dos hermanos trataron de desarmar al hombre. El arma se disparó, y Frederick MacAuley, quien estaba de pie cerca, cayó al suelo, herido en la pierna. Al sangrar profusamente, fue llevado rápidamente al hospital. Seis días más tarde estaba en una condición tan crítica que su pierna fue amputada. Se recuperó bien después de aquello. Cuando Meehan compareció ante el tribunal, fue declarado culpable solamente de amenazar a Edwards y MacAuley con un arma, y fue sentenciado a dos meses de prisión con trabajo forzado.

Tres días después del incidente del tiroteo, el secretario de la Asociación de Soldados con Veteranía Bélica de Oamaru, el Sr. A. C. Piper, escribió al secretario general de la Asociación de Soldados con Veteranía Bélica de Nueva Zelanda en Wellington. Piper escribió:

“En una reunión de los ejecutivos de la Asociación de Soldados con Veteranía Bélica de Oamaru se adoptó unánimemente la siguiente resolución: Que en vista de los sucesos trágicos ocurridos en una reunión de la secta que se hace llamar ‘testigos de Jehová,’ celebrada en Oamaru el 13 de octubre de 1940, y en vista de la enconada oposición del público de la localidad a esta secta, se pide al Gobierno que proscriba la secta por todo el Dominio de Nueva Zelanda. . . . Sus actividades deben detenerse antes de que causen más dificultades en otras partes del Dominio.”

Así, en octubre de 1940 la actividad de los testigos de Jehová fue proscrita en Nueva Zelanda. No obstante, fue interesante el hecho de que durante el debate sobre el Reglamento de Emergencia Bélica, seis semanas más tarde, el primer ministro P. Fraser dijo:

“No abogo por ninguna Iglesia en particular, pero considero que mi deber como primer ministro es . . . ver que, durante la guerra, se detengan los insultos contra la religión del semejante y, si es posible, que queden eliminados por lo pronto. . . . Espero que el fiscal del Tribunal Supremo pueda llegar a algún arreglo con los testigos de Jehová, pues no dudo de la sinceridad o franqueza de éstos. No tenemos nada que decir contra ellos, y no ponemos en tela de juicio su derecho a adorar de acuerdo con su conciencia.”

El 8 de mayo de 1941, el gobierno emitió una enmienda a la proscripción de los testigos de Jehová. Esto hizo que fuera legal el que ellos celebraran sus reuniones “para estudiar la Biblia, orar y adorar.” En la práctica, a los hermanos y hermanas también se les permitió testificar de casa en casa con tal que solo llevaran la Biblia. Así lo hicieron.

ACTIVIDAD DURANTE LA PROSCRIPCIÓN

Precisamente antes de la proscripción se había comprado propiedad en el 177 de la calle Daniell para utilizarla como hogar Betel, puesto que el local del 69 de Kent Terrace estaba resultando demasiado pequeño. El edificio de Kent Terrace fue alquilado como casa de huéspedes hasta después que se levantó la proscripción en 1945. Con el anuncio de la proscripción, la literatura fue mudada a las congregaciones de todo el país. Fue escondida debajo de camas, en cobertizos y en la techumbre de las casas. En la casa de la calle Daniell, Reg Johnston separó una gran sección de la techumbre por encima del cielo raso, con entrada conveniente y todo, y almacenó allí literatura. Desde este depósito de literatura despachaba los pedidos que llegaban por correo, y lo surtía de nuevo según fuera necesario con la literatura almacenada en las casas de los hermanos por toda la ciudad.

La policía acostumbraba llegar a las casas de los publicadores sin aviso y registrar en busca de literatura de la Sociedad. A menudo la literatura estaba tan bien escondida que la policía no podía hallarla. Una hermana había escondido literatura debajo de la alfombra y los policías anduvieron sobre ésta, pero no hallaron nada. Otro hermano recuerda lo siguiente: “Todo lo que hallaron fue nuestros ejemplares de estudio. Lo que no sabían era que había 50 cajas de literatura almacenadas en la techumbre.”

Molly Thompson hacía estarcidos mecanografiados de cada artículo de estudio de La Atalaya. Se hacían duplicados que se enviaban a las congregaciones para estudio. El nuevo libro Hijos fue preparado en estarcidos, y se prepararon mil duplicados que fueron enviados en secciones a los hermanos, junto con preguntas de estudio para los estudios de libro de mediados de semana. El equipo de imprenta y duplicado estaba oculto detrás de paneles en las paredes y los techos de la casa de George Covacich, la cual estaba algo aislada en Auckland.

Además, los hermanos solían reunirse secretamente tarde en la noche para distribuir folletos en los buzones, y a veces volvían a casa a las dos en punto de la mañana. El día siguiente solía haber un revuelo cuando la gente telefoneaba a la policía. En Christchurch, la hermana Messervey fue sorprendida en esta actividad y puesta en prisión por una semana. La policía quería saber quiénes eran los líderes de los testigos de Jehová en Nueva Zelanda. Ella dijo que les diría como favor especial. Cuando los tres hombres se reunieron entusiasmados alrededor, ella les dijo en voz baja que los líderes eran Jehová Dios y Cristo Jesús, lo cual les disgustó.

Durante los cuatro meses que siguieron a la proscripción hubo 14 casos ante los tribunales. Algunos hermanos recibieron sentencias de prisión de tres meses, mientras que otros recibieron sentencias suspendidas. Grace Bagnall estaba testificando cuando fue arrestada por la policía, que recibió una llamada telefónica de un católico romano. Cuando ella rehusó pagar la multa de £5 ($10 E.U.A.), fue puesta en prisión por 14 días.

LA NEUTRALIDAD TRAE DETENCIÓN

El gobierno estableció campos de detención durante la guerra. Debido a que rehusaron participar en el servicio militar, los hermanos fueron encarcelados en aquellos campamentos mientras duró la guerra, y hasta seis meses después. Había unos ocho campamentos, y unos 80 hermanos pasaron más de cuatro años y medio cada uno en ellos. Se les puso a podar árboles en los pinares, trabajar en las carreteras, y otros trabajos similares: Robert Lazenby y Reg Johnston podían visitar a los hermanos en estos campamentos una vez al mes por una hora.

Durante los meses invernales las circunstancias de los hermanos en detención eran severas. Vivían en chozas, y no se permitían fogatas. La tinta se congelaba en las botellas. Los hermanos colocaban capas de periódicos entre las mantas y debajo de sí mismos para tener mejor aislamiento como protección del frío. Aunque los campamentos estaban cercados de alambre de púas y había guardias que patrullaban durante las 24 horas del día, revistas La Atalaya y otras publicaciones nuevas lograban entrar en los campamentos.

Se idearon varios métodos de introducir las publicaciones en los campamentos. Cuando Doris Best visitaba a su esposo, Cliff, le pasaba su tierno infante a él. Él, en cambio, solía pasar el nene a los demás hermanos para que lo cargaran por un momento. Había literatura oculta en la ropa de la criaturita, y, después que los hermanos sacaban la literatura, devolvían el bebé a su madre. También se envolvían las revistas en papel a prueba de grasa, y se horneaban en el centro de un bizcocho que se enviaba por correo a los prisioneros.

Mientras estuvieron en los campamentos, los hermanos predicaron el mensaje del Reino a todo el que escuchó. También se celebraron reuniones, y en el campamento de Strathmore, a unos 64 kilómetros de Rotorua, hasta se organizó un programa de asamblea. Los hermanos obtuvieron permiso para usar una larga cabaña doble que estaba disponible para reuniones religiosas. Prepararon un programa basado en uno que se había introducido clandestinamente en el campamento. En secreto invitaron a otros presos a concurrir, y muchos se unieron a los 31 hermanos para presenciar el programa.

SE REMUEVE LA PROSCRIPCIÓN

Mientras tanto, desde afuera los hermanos ejercían gran presión en el gobierno para que se removiera la proscripción. Finalmente, el 29 de marzo de 1945, por toda Nueva Zelanda los periódicos informaron que la proscripción había sido removida. El Dominion de Wellington informó bajo un pequeño encabezamiento de una sola columna:

“El procurador general, el Sr. Mason, anunció ayer la remoción de las restricciones especiales que se habían impuesto a los testigos de Jehová. Dijo que había revocado la proclama que había expedido bajo los Reglamentos de Emergencia para la Seguridad Pública, la cual declaraba subversivas las organizaciones de ellos. . . . En Australia (como en otros países) los testigos de Jehová habían estado libres de restricciones por tiempo considerable, con resultados completamente satisfactorios. . . . El gobierno estaba completamente seguro de que los mismos buenos resultados que se habían obtenido por la remoción de restricciones en Australia también se experimentarían en Nueva Zelanda.”

Hasta este día los opositores de nuestra obra se complacen en alegar que los testigos de Jehová fueron subversivos durante la guerra. Pero esto es refutado poderosamente por el hecho de que la proscripción se removió mientras la guerra se peleaba aún. El movimiento católico y la Asociación de Soldados con Veteranía Bélica habían conspirado juntos para tratar de mostrar que los testigos de Jehová estaban fomentando problemas y que el incidente en que hubo disparos en Oamaru indicaba la clase de problemas que el gobierno podía esperar por todo el país si no se restringía a los testigos de Jehová.

La remoción de la proscripción creó varias circunstancias extraordinarias para los hermanos. En Christchurch la policía telefoneó a Andrew Downie para decirle que podía ir a buscar todas las publicaciones que habían sido confiscadas. Con apropiada obstinación escocesa, el hermano Downie dijo: “Pero señor, nosotros no se las llevamos a ustedes.” Comenzó a explicar claramente que, puesto que la policía había confiscado los libros, él esperaba que ésta los trajera de vuelta. La camioneta de la policía tuvo que dar dos viajes para devolver todos los libros.

A pesar de la proscripción, la cantidad de publicadores del Reino aumentó de 320 en 1939 a 536 en 1945. Al terminar la guerra, siguieron aumentos todavía mayores. ¡Para 1949 se había logrado un máximo de 1.131 publicadores! Y en la primera asamblea que se celebró aquel año hubo una concurrencia de más de 1.000 personas.

FORTALECIENDO LA ORGANIZACIÓN

En diciembre de 1946 llegó Charles Clayton. Fue el primer graduado de la Escuela de Galaad que fue asignado a Nueva Zelanda. Durante el mes de marzo después de eso, el presidente de la Sociedad Watch Tower, Nathan H. Knorr, visitó a Nueva Zelanda, y se estableció una oficina sucursal en Wellington. Robert Lazenby llegó a ser el siervo de sucursal. Unos cuantos meses después llegaron otros tres graduados de Galaad... Howard Benesch, Orville Crosswhite y Samuel Betley.

El hermano Betley aprendió el idioma maorí, lo cual le permitió contribuir al desarrollo de la obra entre los maoríes. El Yearbook (Anuario) de 1950 informa:

“Hay muy buenas perspectivas de mayor aumento entre la raza maorí. . . . Durante el año se han pronunciado veinte conferencias públicas en maorí, con una asistencia total de 470 personas, la mayoría de ellas desconocidas a nosotros. Antes de comenzar la conferencia, y de acuerdo con la costumbre maorí, uno de los ancianos de la aldea primero da la bienvenida al conferenciante y a los visitantes de otras aldeas. Al terminar el discurso, la gente no se va inmediatamente, sino que se queda para considerar el discurso. Quizás una o dos personas pronuncien un discurso improvisado, en el que cada uno exprese su opinión en cuanto a los puntos que el conferenciante haya considerado. Una de las dos pudiera estar completamente de acuerdo con lo que se hubiera dicho. La otra quizás exprese su desaprobación y haga preguntas. Entonces el conferenciante tiene la última palabra y aclara los puntos que requieran una explicación más detallada. Tales consideraciones, todas conducidas en la lengua maorí, a menudo se extienden por largo tiempo después de haber terminado la reunión pública.”

En 1950 los hermanos maoríes construyeron el primer Salón del Reino de Nueva Zelanda, en Waima. Gran parte de la madera se obtuvo de árboles que fueron cortados en el propio terreno de los hermanos.

VISITANTES REALES RECIBEN LITERATURA

A principios de 1954 la reina de Inglaterra se enteró de la actividad de los testigos de Jehová en Nueva Zelanda por medio de una hermana maorí. El periódico Dominion, de Wellington, Nueva Zelanda, explicó:

“La reina recibió inesperadamente una Biblia y un libro publicado por la Sociedad Watchtower de manos de una maorí que vino hoy a la tarima del Parque Mclean, en Napier, para ser presentada a Su Majestad y al duque de Edimburgo. El Sr. Tuiri Tareha y esposa fueron dos de las 74 personas que fueron presentadas a los visitantes reales. En vez de estrechar la mano de la reina, la Sra. Tareha extendió a Su Majestad un paquetito envuelto nítidamente en papel de color marrón.”

El paquete contenía la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas y un ejemplar del libro “Nuevos cielos y una nueva tierra.” Según informó un periódico, el hermano Tareha explicó: “En una ocasión la reina dijo que deseaba tener la sabiduría de Salomón para poder regir a su pueblo con equidad y justicia. Estábamos seguros de que aquellos libros la ayudarían.”

AUMENTO EN LOS AÑOS CINCUENTA

A principios y mediados de los años cincuenta hubo un notable crecimiento teocrático en Nueva Zelanda. En 1951, en la asamblea nacional que se celebró en la alcaldía de Wellington, un auditorio de 1.645 personas escuchó la conferencia pública “Proclamar libertad en toda la tierra,” pronunciada por el hermano Knorr. El Herald de Nueva Zelanda del 31 de diciembre de 1953, al comentar acerca de un censo hecho poco antes, preguntó por qué disfrutaban de tales aumentos los testigos de Jehová. Dijo:

“El aumento en la inmigración se refleja en algunos de los totales. Por ejemplo, la Iglesia Reformada Holandesa tenía solo 37 seguidores en Nueva Zelanda en 1945, pero para 1951 alegaba que tenía 264. No puede hallarse una razón tan simple para explicar el aumento de los testigos de Jehová, de 650 a 1756 miembros en el mismo espacio de tiempo.”

Probablemente Dean Chandler, importante clérigo anglicano de Nueva Zelanda, suministró una razón que explica en parte el aumento de los testigos de Jehová. Al escribir sobre este asunto en el Star-Sun de Christchurch, dijo:

“Probablemente nuestro descuido más serio tiene que ver con las visitas pastorales, pues tal como es necesario que el pastor inspeccione su rebaño constantemente, de la misma manera es necesario buscar la oportunidad de considerar con nuestra gente los problemas vitales que perturban la mente de ésta y rescatarla de algunos de los enredos heréticos en los cuales probablemente haya sido atrapada. Al decir esto, estoy dolorosamente consciente de mi propia negligencia a este respecto.”

Continuó:

“Más que nunca antes estoy convencido de que la palabra impresa tiene que complementar a la palabra hablada a un grado cada vez mayor. Si deseamos que nuestra gente esté firme en la fe, tenemos que animarla a leer y estudiar a mayor grado del que lo hacen actualmente.”

Por supuesto, eso es exactamente lo que los testigos de Jehová de Nueva Zelanda estaban animando y ayudando a la gente a hacer. Y muchos estaban respondiendo y adelantando hasta la madurez cristiana. De hecho, Nueva Zelanda estaba proveyendo ayuda espiritual a otros lugares. Para 1951 un total de 13 precursores neozelandeses se habían graduado de la Escuela de Galaad y habían sido enviados a servir en otros países. Entre ellos estaba el primer graduado maorí, Rudolph Rawiri, quien después regresó a Nueva Zelanda para trabajar en la obra de circuito.

NUEVO LUGAR PARA LA SUCURSAL

En 1956 el hermano Knorr visitó de nuevo a Nueva Zelanda. Esta vez 3.510 personas oyeron el discurso público que él pronunció en la asamblea nacional que se celebró en el Parque Carlaw, en Auckland. Durante su visita se decidió comprar terreno en Auckland y construir una nueva sucursal allí.

Aunque Wellington es la capital del país, y la sucursal había estado ubicada allí, Auckland es la ciudad de más rápido desarrollo. De modo que se construyeron en Auckland los nuevos edificios para el hogar de Betel, la oficina, el Salón del Reino, el departamento de envíos y la imprenta. En marzo de 1958, al terminar la construcción de éstos, la familia de Betel los ocupó.

Del 13 al 15 de junio de 1958 se celebró un animador programa de tres días para dedicar el nuevo Salón del Reino y los nuevos edificios de esta sucursal de la Sociedad. Aquel programa coincidió con la visita de un día de 150 hermanos australianos que iban de camino a la asamblea internacional de 1958 en Nueva York. Posteriormente, 152 delegados de Nueva Zelanda también partieron hacia aquella histórica Asamblea Internacional “Voluntad Divina.” Los delegados representaron a más de la mitad de las 87 congregaciones de Nueva Zelanda. Aquellos sucesos animaron en gran manera a los hermanos, según lo indica el nuevo máximo de 3.346 publicadores del Reino que se alcanzó en Nueva Zelanda en agosto. Aquello significó que entonces había un publicador por cada 616 personas del país.

Aquel mismo mes, mientras muchos de los hermanos neozelandeses estaban en la asamblea “Voluntad Divina,” murió el siervo de la sucursal, Robert Lazenby. Aquello ocurrió súbitamente, mientras él pronunciaba un discurso de servicio a la congregación de Mt. Albert, en Auckland. En una carta al hermano Gibbons, quien dio un informe del asunto, el hermano Knorr dijo:

“Siempre disfruté del compañerismo del hermano Lazenby y me alegra saber que murió fielmente con las botas puestas, una expresión que usamos aquí en los Estados Unidos, y que estaba sirviendo a sus hermanos. Esa es una manera excelente de morir. Yo sabía que él estaba enfermo. Mi gran deseo hubiera sido que él pudiese haber estado en la asamblea, pero es un gozo saber que se enteró de los excelentes resultados de la asamblea y de las cosas que sucedieron aquí.”

Benjamin Mason, graduado de Galaad que había estado sirviendo en la sucursal de Nueva Zelanda desde 1957, llegó a ser el nuevo siervo de la sucursal.

BATALLA LEGAL

En enero de 1958 los hermanos solicitaron el uso de la Sala del Monumento a los Caídos de Levin y su Distrito para una asamblea de tres días. El Concejo Municipal de Levin concordó en esto hasta que la Asociación de la Veteranía Bélica [llamada más tarde la Asociación de Veteranos de la Guerra] expresó vigorosa desaprobación. Se pasó una resolución al efecto de que “un Monumento a los Caídos está consagrado a la memoria de los que sirvieron a su país en tiempo de peligro,” y, por lo tanto, a los testigos de Jehová se les debería negar el uso del local. Aunque algunos Concejos Municipales resistieron la presión de la Asociación de Veteranos de la Guerra conocida como la R.S.A., muchos otros fueron débiles y cedieron. Esto significaba que muchas salas de Monumentos a los Caídos serían cerradas a los Testigos.

Los hermanos tomaron acción legal en un esfuerzo por revocar este intento discriminatorio de negarles el uso de aquellos lugares. En la audiencia que se celebró en mayo de 1959, el abogado de la Sociedad, F. H. Haigh, alegó:

“Esta proscripción puede considerarse nada menos que fantástica, y no hay ni la más ligera justificación para decidir que lo que ciertas personas hicieron durante la II Guerra Mundial deba ser prueba, en 1958, contra los derechos de éstas en lo que tiene que ver con utilizar un local en el que se conmemora a los caídos. La acción del Concejo es una negación de la justicia natural, provocada por discriminación injustificada.”

El 21 de agosto de 1959, el juez T. A. Gresson, del Tribunal Supremo de Nueva Zelanda, anunció la siguiente decisión:

“Es indiscutible el hecho de que los ciudadanos del Municipio que son testigos de Jehová constituyen una sección legítima de la comunidad, y, aunque son relativamente una minoría, opino que tienen que disfrutar de los mismos derechos legales y cumplir con las mismas obligaciones legales que los miembros de la Asociación de Veteranos de la Guerra. Opino que al no conceder al demandante el permiso de usar la Sala, el Concejo demandado actuó en violación de los amplios términos de esta encomienda . . .

“En estas circunstancias, declaro lo siguiente: ‘Que la Sociedad Watch Tower Bible and Tract . . . tiene derecho a usar la Sala del Monumento a los Caídos de Mount Roskill con el propósito de tener conferencias bíblicas durante horas razonables y bajo condiciones razonables, según las imponga el Concejo Municipal de Mt. Roskill.’”

Al día siguiente todos los diarios publicaron un informe sobre la decisión. Bajo el encabezamiento: “Semana humillante en la Junta de Road,” el periódico Waiheke Resident, de Auckland, dijo:

“El Sr. juez Gresson dictó un fallo tocante a discriminación religiosa por cuerpos locales que ha estremecido a nuestros ignorantes miembros, a los ocho. . . . La Junta, como muchos cuerpos locales de voluntad débil que hay por todo el país, se apresuró a obedecer a la R.S.A. cuando ésta le dijo que a los testigos de Jehová no se les debería permitir el uso de las Salas de los Monumentos. El Sr. Gresson dijo que los Testigos tienen los mismos derechos que la R.S.A. Así que la Junta de Road tiene que abrir la Sala del Monumento a los Caídos de Waiheke a los Testigos o abiertamente violar la ley según ha violado los derechos democráticos de los Testigos. Ahora los Testigos pueden adorar a su manera al Dios de ellos sin estar sujetos a la tiranía de la Junta de Waiheke Road.”

ASAMBLEA “BUENAS NUEVAS ETERNAS”

El teatro más grande de Nueva Zelanda, el Cívico, fue el lugar donde se celebró la asamblea “Buenas Nuevas Eternas” en Auckland en 1963. Pero hasta éste no era lo suficientemente grande, de modo que también se usó la Alcaldía de Auckland, que tenía 2.000 asientos, para acomodar a las muchedumbres. La concurrencia máxima de 6.005 personas incluyó a 191 visitantes de 16 países. Fred W. Franz, que entonces era vicepresidente de la Sociedad Watch Tower, estuvo entre los delegados que estaban viajando alrededor del mundo para asistir a esta serie de asambleas “Buenas Nuevas Eternas.”

Cuando el hermano Franz llegó, recibió la bienvenida al estilo tradicional maorí en la acera enfrente del Teatro Cívico. El cantar de las bailarinas maoríes en su atractiva ropa nativa atrajo inmediatamente a los transeúntes. Sería difícil decir quiénes disfrutaron más de aquella bienvenida poco usual: si los que observaban entusiásticamente, o el hermano Franz y las hermanas maoríes que le dieron la bienvenida con un apretón de manos y un frotar de narices.

Esta asamblea fue en realidad una ocasión histórica para Nueva Zelanda. Recibió publicidad sin precedente en la radio y la televisión, y el punto culminante fue una película de 95 segundos del bautismo. Se dio un excelente testimonio, tanto por la predicación de los que vinieron a la asamblea como por su conducta. “Ustedes son las personas mejor organizadas y, por mucho, las de mejor comportamiento que he visto,” dijo el administrador del Teatro Cívico.

CONSTRUCCIÓN DE SALONES DEL REINO

Como ya se ha mencionado, los maoríes construyeron el primer Salón del Reino de Nueva Zelanda allá en 1950. No fue sino hasta 1955 que se dedicó en Gisborne el segundo. Pero luego, durante los años sesenta, se construyeron 58 Salones del Reino, a medida que los hermanos se mudaban de salones alquilados —que a menudo eran húmedos y estaban cargados de olor a cigarrillo y licor— a nuevos edificios hermosos y limpios dedicados a la adoración de Jehová. ¡Cuánto agradecían los hermanos tener estos edificios nuevos!

Este programa de construcción continuó durante los años setenta. Ahora hay 119 congregaciones de testigos de Jehová en Nueva Zelanda, y 112 de éstas celebran sus reuniones en sus propios Salones del Reino. Y hay planes para construir más.

ASAMBLEA “PAZ EN LA TIERRA”

En noviembre de 1969 la Pista del Club de Trote de Auckland, en el pintoresco Parque Alexandra, fue transformada en un hermoso lugar para asamblea por 1.500 trabajadores voluntarios. Se usaron más de 5.000 flores sembradas en tiestos, 300 árboles y arbustos y muchos metros cuadrados de “césped instantáneo” para decorar la plataforma. Variedades de verdes geranios contra un trasfondo de rojas begonias deletreaban: “Haere-Mai” (“Bienvenidos,” en maorí). La ocasión era la asamblea internacional de seis días “Paz en la Tierra,” a la cual asistieron N. H. Knorr, F. W. Franz y muchísimos otros delegados de otros países.

Se organizó un programa especial, en el cual hubo canciones y bailes maoríes, para los delegados que venían de otros países. Cierto hermano maorí dijo al animado auditorio que 193 parientes carnales de él estaban presentes en aquella asamblea. Esto ilustraba lo bien que los maoríes estaban respondiendo al mensaje del Reino.

Algunos miembros del comité del Club de Trote de Auckland habían expresado dudas de antemano en cuanto a permitir que los testigos de Jehová usaran su local. Pero lo que pensaban después de la asamblea se reflejó en esta carta del secretario:

“Ahora que su asamblea está por terminar, permítanme aprovechar esta oportunidad para expresar a ustedes y a todos sus delegados el aprecio del Comité que represento por la sobresaliente manera en que condujeron sus reuniones en la Pista del Parque Alexandra.

“También queremos agradecer a ustedes y a sus trabajadores su excelente cooperación y la manera en que han mantenido el local durante su estadía.

“Si alguna vez desean celebrar otra asamblea en esta zona, esperamos que aprovechen de las facilidades del Parque Alexandra.

“Para concluir, en nombre del Administrador de la Pista, y en el mío propio, quiero expresar nuestro agradecimiento personal a todos los que han tenido parte en la asamblea, y decirles que ciertamente ha sido agradable tenerlos aquí.”

Sí, funcionarios de la pista, propietarios de hoteles, agentes del tránsito y negociantes alabaron cordial y espontáneamente la limpieza, amigabilidad y conducta ejemplar de los Testigos. Un guarda dijo que en sus 40 años de experiencia nunca había visto nada igual. Algunos la describieron como la asamblea mejor organizada que se había celebrado en Nueva Zelanda.

De nuevo hubo buena publicidad por parte de las agencias de información. En toda la nación se publicó información sobre el bautismo de 421 nuevos Testigos. Un conferenciante de la asamblea dijo que el 10 por ciento de todos los Testigos activos que se habían bautizado en Nueva Zelanda se habían bautizado el 7 de noviembre de 1969 en aquella asamblea. Para la conferencia pública “El camino de regreso a la paz en el paraíso,” pronunciada por el hermano Knorr, hubo presente una excelente muchedumbre de 8.400 personas.

EXPANSIÓN DE LA SUCURSAL

Para 1973 se había alcanzado un máximo de más de 6.000 publicadores del Reino, y la sucursal que se había completado allá en 1958 resultaba demasiado pequeña. De modo que en julio de 1973 se comenzó la construcción de una sección grande que extendería la estructura original. El Ministerio del Reino de diciembre de 1973, en su edición en inglés, informó:

“El último ladrillo se colocó el domingo 18 de noviembre . . . Todo el proyecto fue prácticamente completado en exactamente 18 semanas y las cifras preliminares indican que 248 diferentes hermanos dedicaron unas 16.000 horas de trabajo durante ese tiempo. ¡Qué agradecidos estamos por el espléndido apoyo que dieron! Ya estamos disfrutando de los beneficios de más amplio espacio para el trabajo.”

ASAMBLEAS HISTÓRICAS EN LOS AÑOS SETENTA

La Asamblea Internacional “Victoria Divina,” celebrada en 1973, fue el mayor acontecimiento teocrático que se ha celebrado en la ciudad más grande de la isla del Sur, Christchurch. Unos 500 visitantes de Australia y 350 de América del Norte contribuyeron a engrosar la asistencia al Parque Lancaster a la sobresaliente cantidad de 11.640 personas, de modo que la concurrencia a esta asamblea excedió por más de 3.000 personas a la de la asamblea internacional de 1969. Leo K. Greenlees, del Cuerpo Gobernante, fue el orador principal de la asamblea.

Cinco años después, en diciembre de 1978, la Asamblea Internacional “Fe Victoriosa” que se celebró en el Parque Eden, en Auckland, llegó a ser la reunión más grande que los testigos de Jehová han celebrado hasta la fecha en Nueva Zelanda. La asistencia máxima fue de 12.328 personas. Lloyd Barry, John Booth y Ted Jaracz, todos miembros del Cuerpo Gobernante, participaron en el programa de la asamblea.

SATISFACIENDO LAS NECESIDADES ESPIRITUALES DE LA GENTE

Por años unos 60.000 polinesios de las islas de Samoa, Tonga, Niue y Rarotonga han venido a vivir y trabajar en Nueva Zelanda; unos 36.000 de ellos viven en la zona metropolitana de Auckland. Para satisfacer las necesidades espirituales de estas personas, en febrero de 1977 se estableció en Auckland una congregación de habla samoana. Esta es una de las congregaciones de más rápido crecimiento en el país; 216 personas asistieron al Memorial en marzo de 1980.

Para equipar a los hermanos de modo que puedan ayudar más eficazmente a las personas mansas, se han conducido escuelas especiales. En 1978, un total de 700 ancianos cristianos de Nueva Zelanda asistieron al curso revisado de 15 horas de la Escuela del Ministerio del Reino. Después, en 1979, un grupo de 184 predicadores de tiempo completo del Reino se benefició grandemente del curso de dos semanas de la Escuela del Servicio de Precursor. Para ese mismo tiempo John Wills, Ed Gibbons, Charles Tareha y John Cumming, miembros del comité de la sucursal de Nueva Zelanda, asistieron al curso de cinco semanas de la Escuela de Galaad para los miembros de los comités de sucursal, que se celebró en la central mundial de Brooklyn. Allí recibieron instrucción práctica que les ayudaría a desempeñar sus responsabilidades de atender las necesidades espirituales de la gente de Nueva Zelanda.

Otra excelente provisión para el adelantamiento de la obra docente del Reino ha sido el nuevo salón de asambleas de los testigos de Jehová en Nueva Zelanda. El viejo Cine State, de un suburbio de Auckland, originalmente construido en 1934, fue comprado y completamente renovado por unos 400 Testigos que ofrecieron voluntariamente sus servicios para ello. Este hermoso local fue dedicado en febrero de 1978 y desde entonces siete circuitos han estado celebrando en éste sus asambleas cada seis meses.

CON EL APOYO DE JEHOVÁ

Repasando la obra de los testigos de Jehová en Nueva Zelanda desde que comenzó hace más de 75 años, la bendición de Jehová Dios se ha hecho claramente manifiesta. Ahora cada semana miles de personas se congregan en más de 100 excelentes Salones del Reino para aprender más acerca de su Dios Jehová y Sus grandiosos propósitos. El 31 de marzo de 1980 una muchedumbre de 15.385 personas asistió al Memorial. Muchas de estas personas proclaman activamente su esperanza del Reino.

Ahora hay más de 7.000 publicadores que participan en la proclamación del Reino en Nueva Zelanda. Unos 350 de éstos son precursores. En conjunto, todos los años dedican aproximadamente un millón de horas a la predicación, y distribuyen más de un millón de ejemplares de las revistas La Atalaya y ¡Despertad! Los testigos de Jehová visitan casi todo hogar de Nueva Zelanda unas tres veces al año.

Lo que se ha logrado por medio de la predicación de las buenas nuevas del Reino en Nueva Zelanda, al igual que en todo el mundo, no se debe sencillamente a los esfuerzos o habilidades de ningún ser humano o grupo de humanos. Más bien, se ha logrado como Jehová mismo dice: “No por una fuerza militar, ni por poder, sino por mi espíritu.”—Zac. 4:6.

[Ilustración en la página 210]

Bill Barry (der.): En Christchurch la verdad se conocía como “la religión de Bill Barry.” Su hijo Lloyd (izq.) es ahora miembro del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová

[Ilustración en la página 214]

Frank Grove fue precursor hasta el momento de su muerte en 1967... más de 50 años

[Ilustración en la página 220]

Charles Tareha, maorí, sirve ahora en el Betel de Nueva Zelanda. Cuando su padre, un prominente maorí, aceptó la verdad, hubo una verdadera conmoción en la comunidad religiosa maorí

[Ilustración en la página 228]

El servicio de precursor en la isla del Sur durante los años treinta... “en peligros de ríos”

[Ilustración en la página 230]

Jim Tait, tras de oír un solo discurso de J. F. Rutherford, dejó su empleo y la seguridad que éste ofrecía y se hizo precursor

[Ilustración en la página 232]

Uno de los autos con altavoz que se usaron para proclamar el mensaje del Reino

[Ilustración en la página 237]

El hogar Betel en el 177 de la calle Daniell, donde se ocultó literatura en una parte del techo durante la proscripción

[Ilustración en la página 242]

Los hermanos maoríes construyeron el primer Salón del Reino de Nueva Zelanda en Waima en 1950

[Ilustración en la página 247]

Robert Lazenby, siervo de sucursal por muchos años hasta su muerte en 1958

[Ilustración en la página 249]

El hermano Franz recibe el tradicional saludo maorí, un apretón de manos y frotar de narices, al visitar a Auckland para la asamblea “Buenas Nuevas Eternas”

[Ilustración en la página 253]

Edificio de sucursal en Auckland

[Ilustración en la página 255]

El viejo Cine del Estado, en Devonport, suburbio de Auckland, fue comprado y renovado para servir de salón de asambleas

[Mapas en la página 208]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

Nueva Zelanda

MAR DE TASMANIA

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Cheviot

Christchurch

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OCÉANO PACÍFICO

Oamaru

Dunedin

Tuatapere

Invercargill