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Horticultura orgánica

Horticultura orgánica

Horticultura orgánica

TOME un puñado de tierra de su huerto. ¿Se ve prácticamente estéril por tantos herbicidas, insecticidas, raticidas y fungicidas que se le han aplicado? ¿O hierve de lombrices, insectos y microorganismos de todo tipo? Si la tierra está repleta de vida, es casi seguro que usted esté siguiendo, consciente o inconscientemente, los principios de la horticultura orgánica.

La horticultura orgánica a menudo comprende métodos para mejorar la calidad del suelo con sustancias biológicas naturales. Uno de sus objetivos es el de crear un ecosistema en el que las plantas sean resistentes a plagas y enfermedades. En los países donde los cultivos suelen tratarse con compuestos sintéticos, el interés por los métodos orgánicos va creciendo. ¿Por qué? Hay varias razones.

En primer lugar, los residuos de pesticidas que quedan en frutas y verduras constituyen a veces un grave peligro para la salud. Para ilustrarlo, el libro Pesticide Alert indica que “en el verano de 1985, casi mil personas de Canadá y de diversos estados del oeste [de Estados Unidos] se intoxicaron al consumir sandías con restos del pesticida Temik”.

Además, muchas personas ven la horticultura orgánica como una manera de proteger el ambiente. Algunas plagas se han hecho resistentes a las repetidas aplicaciones de pesticidas químicos, por lo que la ciencia ha creado venenos mucho más peligrosos. Las potentes sustancias químicas se han filtrado hasta el subsuelo y han contaminado nuestros valiosos acuíferos.

Otra ventaja de la horticultura orgánica es que se arroja menos basura a los vertederos. ¿Cómo es posible? Una parte considerable de nuestra basura consiste en sobrantes de comida y desechos del jardín. En lugar de deshacernos de esas sustancias orgánicas, podemos amontonarlas y dejar que se descompongan, con lo que obtendremos una mezcla muy fértil llamada compost. Quizás la idea no nos parezca muy atractiva, pero para las plantas es una delicia gastronómica.

Por último, hay quienes ven en este tipo de horticultura una oportunidad para hacer ejercicio, disfrutar del sol, trabajar la tierra y ver cómo las pequeñas semillas crecen hasta convertirse en plantas sanas. ¿También a usted le resulta atrayente esta actividad? Pues ¡manos a la obra! Antes, sin embargo, echemos un vistazo a la tierra de su huerto.

¿Qué se necesita para que un huerto produzca?

En muchos huertos, el suelo es o arcilloso, o arenoso. Las partículas que conforman el suelo arenoso son grandes, por lo que el agua y los nutrientes se filtran tan deprisa que las raíces no pueden aprovecharlos. Por otra parte, la tierra arcillosa consiste en delgadas capas tan pegadas unas a otras que el agua, o bien corre por la superficie endurecida sin poder penetrar en el terreno, o bien lo impregna, queda atrapada en él y ahoga las raíces de las plantas.

Lo mejor es que el suelo tenga la proporción adecuada de partículas, de modo que retenga suficiente humedad para que las raíces no se sequen y, al mismo tiempo, permita que el exceso de agua se filtre. A esa tierra los horticultores la llaman marga. En ella, el aire circula libremente, lo cual permite a los microorganismos dedicarse a su trabajo de agregar nutrientes al suelo.

Habrá que añadir grandes cantidades de materia orgánica (compost) al terreno, tanto si es arcilloso como arenoso, para conseguir esa proporción correcta. La mezcla del compost con la tierra acondiciona el suelo. Al ser esponjoso, retiene la humedad, y no se requiere tanto riego. Contiene millones de bacterias beneficiosas que continuarán con la descomposición de la materia orgánica, convirtiéndola en nutrientes que las plantas necesitan para crecer con fuerza. Además, contribuye al equilibrio químico del suelo, para que de ese modo no sea ni muy ácido ni muy alcalino.

Los cultivos de cobertura de raíces profundas, como el trébol y la alfalfa, rompen los suelos duros y elevan la proporción de materia orgánica. Para corregir la composición de la tierra, también resulta útil esparcir sobre el terreno una capa de hierba cortada o de aserrín, por ejemplo.

La sorprendente lombriz de tierra es una especialista en hacer que el suelo sea más adecuado para los cultivos. Al cavar túneles profundos —que bajan hasta cuatro metros—, la lombriz airea el suelo, arrastra diversos minerales hacia la superficie y mejora el drenaje. En el proceso deja tras de sí fertilizantes de desecho que, de acuerdo con el libro Step by Step Organic Vegetable Gardening (La horticultura orgánica paso a paso), son “cinco veces más ricos en nitrógeno, fósforo y potasio [que] la tierra circundante”.

Sapos, aves e insectos: amigos de su huerto

“Pero ¿y las plagas? —tal vez pregunte—. ¿Cómo puedo eliminarlas sin recurrir a los pesticidas?” No olvide que los pesticidas no solo matan organismos indeseables, sino que también acaban con los que son útiles, como las lombrices de tierra y ciertos hongos. Recuerde, además, que los sapos protegen su huerto. Un sapo es capaz de comerse más de diez mil insectos nocivos en un lapso de tres meses, y no es melindroso con la comida: su dieta incluye enemigos de las plantas tales como el grillo, la chinche de la calabaza, la oruga sedosa del manzano, el gusano soldado, la polilla lagarta y la babosa.

Los pájaros son igualmente eficientes en controlar plagas. En cierta ocasión se observó a un chochín doméstico alimentar “a sus crías con 500 arañas y orugas en una sola tarde de verano”, según el libro Gardening Without Poisons (Horticultura sin venenos). Si desea invitar a su huerto a unas cuantas de estas u otras aves insectívoras, cuelgue alimento para aves o materiales para nidos en un lugar visible. No tardará en ver que su “invitación” se acepta. ¿Y qué puede decirse de los insectos? Muchos son benéficos y cazan a los destructivos. Si compra unas mariquitas y las suelta en el terreno, verá que de inmediato buscan su alimento predilecto: los áfidos, mejor conocidos como pulgones. También puede comprar las cámaras donde las mantis religiosas ponen sus huevos, y colocarlas en el huerto. Al eclosionar los huevos, las mantis devorarán prácticamente cualquier insecto que se atreva a cruzar por su camino.

Las plantas y el control de plagas

Se puede recurrir a determinadas plantas para controlar la población de animales nocivos. Para ello, hay que sembrar las plantas que estos evitan junto a las que necesitan protección. Por ejemplo, los nematodos, que atacan las raíces de muchas plantas y las debilitan, no se acercan a las caléndulas. El romero, la salvia y el tomillo repelerán a la pequeña mariposa blanca de la col si se siembran cerca de las coles. Ahora bien, en este punto conviene una advertencia: algunas plantas atraen las plagas.

La rotación de cultivos también resulta práctica. En vez de cultivar todos los años el mismo tipo de hortalizas en el mismo sitio, le convendrá alternar el lugar donde las planta. De ese modo, interrumpirá el ciclo de enfermedades y plagas.

Es posible que la horticultura orgánica plantee desafíos, además de exigir tiempo y paciencia. Mejorar el suelo por medios orgánicos hasta llevarlo a un estado saludable puede tomar muchos meses. En ocasiones sufrirá reveses y se sentirá tal vez tentado a echar mano de un producto químico. Sin embargo, antes de hacerlo, deténgase y piense en las ventajas a largo plazo de evitar los venenos químicos. Con paciencia, es posible que en poco tiempo tenga un huerto que produzca sabrosas verduras cultivadas ecológicamente, más resistentes a plagas y enfermedades que las demás. Claro está, su huerto no será perfecto, pero le complacerán los resultados. Así que, si le gusta la horticultura, ¿por qué no intenta cultivar su propio huerto orgánico?

[Ilustración de la página 17]

Suelo arcilloso

[Ilustración de la página 17]

Suelo arenoso

[Ilustración de la página 17]

Marga

[Ilustraciones de la página 18]

Amigos de su huerto

Un sapo puede ingerir más de diez mil insectos nocivos en un lapso de tres meses

Se observó a un chochín doméstico alimentar “a sus crías con 500 arañas y orugas en una sola tarde de verano”

La lombriz de tierra airea el suelo y arrastra diversos minerales hacia la superficie

El alimento predilecto de la mariquita son los áfidos, unos insectos destructivos

[Ilustración de la página 18]

La mezcla del compost con la tierra acondiciona el suelo