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¿Se comería unas flores de calabaza?

¿Se comería unas flores de calabaza?

¿Se comería unas flores de calabaza?

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN MÉXICO

CUANDO florecen las calabazas, el huerto da la impresión de ser un jardín. Aunque las bellas corolas amarillas —simples a la par que elegantes— no perfumen el aire, se nos hace agua la boca. Sí, ha entendido bien: se comen. De hecho, la revista Cuadernos de Nutrición señala que México es el país con más recetas culinarias en las que intervienen las flores.

En el caso de la calabaza, sus flores llevan siglos empleándose como alimento en la región. Entre las más utilizadas en la cocina probablemente estén las de la calabacita (Cucurbita pepo). Hay que tener cuidado de solo recoger las masculinas, pues no queremos echar a perder la cosecha. Para distinguirlas, basta con mirar al tallo: si presenta una minúscula calabaza, es femenina y no conviene arrancarla.

El suave sabor de los pétalos combina muy bien con el de diversos preparados. Muchas veces sofreímos ajos y cebollas e incluso chiles picantes. Una vez sazonados, cuando el ajo está transparente, añadimos algunas flores sin tallos lavadas y picadas. Luego lo cubrimos todo y lo dejamos a fuego lento durante unos minutos. También pueden agregarse calabacita troceada, granos de maíz fresco, un poco de mantequilla y hierbas aromáticas. Colocamos la mezcla en una tortilla, la doblamos y la ponemos en la plancha, con lo que obtenemos una deliciosa quesadilla de flores de calabaza.

Esta quesadilla no solo es sabrosa, sino también nutritiva, pues las flores empleadas contienen pequeñas cantidades de proteínas, calcio, hierro, tiamina, niacina, ácido ascórbico y retinol.

Con estas flores también preparamos una exquisita sopa. La receta es la misma de arriba, pero añadiéndole caldo. Se sirve caliente, a menudo acompañada de queso y totopos (tiras de tortilla frita).

Las flores de calabaza se prestan a mil usos. Así que, atrévase a crear con ellas un platillo. Le encantará.