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Figuras de oro sobre acero

Figuras de oro sobre acero

Figuras de oro sobre acero

DE NUESTRO CORRESPONSAL EN ESPAÑA

A SUS 74 años, Víctor tiene la vista gastada de tantas horas que ha pasado fijándola en objetos pequeños. No obstante, cuando le preguntan por los cincuenta años que lleva incrustando oro en acero, se le iluminan los ojos. Este artesano, que empezó de aprendiz a los 14 años, es todo un maestro en la técnica del damasquinado.

“Para mí, es mucho más que una profesión —señala—. He llegado a estar veinticuatro horas seguidas totalmente absorto en mi trabajo.” Al empuñar las desgastadas herramientas de su venerable oficio, su semblante resplandece al recordar toda una vida produciendo singulares obras de arte.

De Damasco a España

¿Qué es el damasquinado? Es una técnica consistente en formar temas decorativos haciendo incrustaciones de oro y plata en una superficie metálica. En algunas tumbas egipcias se han descubierto muestras que datan del siglo XVI antes de nuestra era.

Aunque es probable que el arte se haya originado en China o en Egipto, el término damasquinado se deriva del nombre de la antigua Damasco, capital de Siria. Sus hábiles artesanos crearon objetos de tal belleza, que el nombre de la ciudad llegó a ser sinónimo de la técnica. Damasco era, además, un centro comercial importante gracias a su ubicación en un cruce de caminos que conectaban el Mediterráneo oriental con los países de Mesopotamia y el Oriente. Tal prominencia le permitió llevar sus artesanías tradicionales (como los damasquinados) más allá de las fronteras nacionales.

El arte arraigó en Europa en el transcurso de unos cuantos cientos de años, y ya para el siglo XVI la ciudad de Toledo (España) dominaba como su centro representativo. Espadas, armaduras y escudos toledanos, así como otros objetos más delicados, adquirían la elegancia y distinción del hermoso toque damasquino.

Arte de contrastes

El damasquinado toledano realza el brillo del oro y de la plata contra un fondo de acero de un negro intenso. En sus diseños combina caracteres cúficos (de la antigua escritura arábiga) con figuras geométricas o florales típicas de las culturas árabe y mudéjar. Acompáñenos a una visita breve a Toledo y verá cómo sigue viva esta artesanía.

Al caminar por las estrechas y sinuosas calles de la vieja ciudad, es fácil sentirse transportado a la época medieval. Enseguida comprobará que la técnica del damasquinado sigue viva, pues muchos aparadores exhiben gran variedad de creaciones: broches, brazaletes, gemelos para los puños de las camisas, alfileres de corbata, pastilleros, dedales, pendientes y platos decorativos. En algunos establecimientos incluso se puede ver al artesano tradicional manejando hábilmente el hilo de oro con una mano mientras lo embute con la otra en la base de metal utilizando un punzón de acero. Así es como se incrusta el filamento de oro en el acero, la esencia misma del damasquinado.

Trabajo laborioso

Al acercarnos, notamos que el artífice dispone de varias láminas de acero de distintos tamaños y formas. Toma una pieza circular y le hace una trama de rayas a lo largo y ancho con un buril (punzón de acero templado, usado por los grabadores). Este primer paso se llama picado. Luego, con el mismo buril traza a grandes rasgos el dibujo de lo que quiere plasmar.

A continuación coloca la placa de metal sobre una base de madera de altura ajustable recubierta con pasta, la cual sujeta y acojina la placa, dejándola lista para el siguiente paso.

Ahora comienza el dibujado. El hilo de oro, que se sostiene con una mano, se va incrustando en la placa con un punzón hasta completar el dibujo. Al terminar, la placa contendrá hermosas figuras arábigas o geométricas, aves, flores o incluso una vista panorámica de Toledo. Hay quienes crean combinaciones de varios de tales motivos artísticos en una sola pieza.

Después viene el fijado, para el que se utiliza un punzón más ancho. Con precisos golpes de martillo, el maestro termina de incrustar las laminillas de oro en la rugosa superficie de acero.

Los intrincados dibujos cobran realce en la siguiente fase, el pavonado, que consiste en sumergir la placa en un baño de hidróxido de sodio y nitrato de potasio a 800 °C para que el metal base se oxide y adquiera un intenso color negro. Queda tan oscuro como terciopelo negro, lo que consigue acentuar los distintivos diseños dorados del trabajo artístico.

Como paso final, el artesano procede al repasado y bruñido de las figuras decorativas. Al rasparlas, les da vida, pues se perfila todo pequeño detalle, sean las plumas de un ave o los pétalos de una flor. Por último, la pieza se pule con ágata, confiriéndole al hilo de oro un color chispeante que contrasta totalmente con el intenso negro del fondo. ¡Qué esplendorosa figura emerge al final!

Las características únicas de los damasquinados constituyen un tributo a los numerosos artesanos que, a lo largo de los siglos, han mantenido viva tan antigua profesión. Gracias a ellos podemos admirar con deleite primorosas figuras de oro y plata sobre acero.

[Ilustración de la página 16]

Abrecartas en forma de espada

[Ilustración de la página 17]

Toledo (España)

[Ilustración de la página 17]

Pendientes

[Ilustración de la página 17]

Colgante

[Ilustración de la página 17]

Joyero antiguo

[Ilustraciones de la página 18]

Picado

Dibujado

Fijado

Pavonado

Repasado

Bruñido

[Reconocimiento de la página 16]

Todas las fotos: Agustín Sancho

[Reconocimiento de la página 17]

Esquinas de las páginas, colgante y joyero: Agustín Sancho